viernes, 15 de junio de 2012

Bellezas con personalidad



Hoy he visto en el metro a dos chicas que me han llamado la atención, ambas eran bastante guapas, pero tenían sus curiosidades. Una de ellas llevaba rapado uno de los lados de la cabeza, que es una moda que estoy viendo últimamente y no entiendo muy bien a qué obedece. De este modo, una de las partes va cortada al cero y en la otra cae la melena con normalidad, dejando en evidencia que es una muchacha bella que parece haber querido rehuir el tópico dándose un hachazo en su cabello. Iba con otra chica que llevaba gafas y unos pequeños brackets que la daban un aspecto algo infantil pero adorable y las dos formaban una pareja bizarra.

Si esa escena hubiera sido de una comedia romanticona ñoña, les habría inducido a un cambio radical para que explotasen más su atractivo (como esas pelis en las que la supuesta fea se quita las gafas y se suelta la coleta y es un bellezón, que ya se veía sin hacer nada de eso), pero como se trata de la realidad me limité a observarlas con curiosidad, pensando en cómo la belleza a veces se esconde o se reafirma de un modo esquivo, atípico.

Todo ello me ha hecho acordarme de un pasaje del libro "One day", de David Nicholls, que leí hace unos meses. Me recordó un fragmento que me gustó mucho y que habla sobre gafas y lentillas y tópicos sobre belleza.

"En la Universidad, Emma había albergado convicciones muy firmes sobre la inutilidad de las lentillas, en la medida en que alimentaban nociones convencionales de belleza femenina idealizada. Unas buenas gafas de la seguridad social, resistentes, útiles y sin doblez, eran señal de que a una no le importaban fruslerías tan tontas como estar guapa, porque pensaba en cosas más elevadas. Sin embargo, en los años transcurridos desde la licenciatura, le había empezado a parecer una argumentación tan abstracta y especiosa que al final había sucumbido a la insistencia de Dexter y se había puesto las puñeteras lentillas, momento en que se había dado cuenta, cuando ya era demasiado tarde, de que lo que de verdad había intentado evitar tantos años era aquella escena de película: la bibliotecaria se quita las gafas y se sacude el pelo. "Pero qué guapa es usted, señorita Morley".

Ahora se veía rara en el espejo, con la cara al desnudo, vulnerable, como si llevara nueve meses sin quitarse las gafas. Las lentillas tendían a crearle propensión a unos espasmos faciales aleatorios y alarmantes, como parpadeos de rata. Se le pegaban al dedo y a la cara, como escamas de pez; eso cuando no se resbalaban por debajo del párpado, como en ese momento, para alojarse al fondo del cráneo. Tras un severo acceso de contorsión facial, y de algo que le pareció una operación quirúrgica, logró recuperar el pedacito y salió del lavabo con los ojos rojos, llorosa, parpadeando."

Y seguramente Emma Morley tenía un gran encanto con gafas, sin necesidad de quitárselas. No sé si será porque al ser también un "cuatro ojos" me siento identificado, pero a mi no me molesta que las chicas lleven gafas, no me parecen menos atractivas por ello. De hecho, he conocido mujeres a las que les sienta mejor tener las gafas puestas que quitárselas. Y otras muy bellas que se las ponen para leer o mirar a la pantalla y ni los cristales ni las monturas les quitan atractivo, incluso les dan una mayor calidez a sus rasgos.

Y es que la belleza no tiene un patrón universal, más allá de cierta imagen estandarizada de actrices y modelos publicitarias que puede crear presiones en mucha gente que no se ajusta a esos cánones, hay una amplia gama de bellezas que se salen del tópico. Bellezas con personalidad, que las hace más bellas por ser únicas.

6 comentarios:

  1. Vaya, pues había dejado un comentario pero no me lo acepta. Nevermind.

    Decía que hay hombres a los que les ocurre lo mismo. Tienen una especia de belleza que no se ve a primera vista. Los miras más detenidamente y ahí está. Y sabes que podrías enamorarte. Será el alma?

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    1. Eso son cosas del blogger, que a veces se pone tonto. Después de que me pasara un par de veces, copio los comentarios antes de publicarlos, por si me toca las narices no tenga que volver a escribirlo.

      Y sobre lo de la belleza, pues es muy subjetiva, sin duda. Yo de más joven solo me fijaba en los modelos clásicos de belleza, pero la experiencia me ha enseñado que hay muchas bellezas por ahí sueltas. Lo del alma si que influye, hay gente que emana mucha belleza desde dentro

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  2. Yo soy una belleza anómala, no uso gafas pero se me ve más guapa sin ellas XD.

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    1. Jajaja. Oye, pues lo mismo con ellas sigues estando guapa. A no ser que sean las de Bartolo o la Blasa, creo que dan encanto a quien las lleva

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  3. En realidad esas cosas son muy subjetivas. Hay chicas a las que unas gafas o unos brackets, como tú dices, las hacen interesantes o por lo menos, no les restan belleza.
    Al leer la entrada no sé por qué me ha venido a la cabeza un chico con el que me cruce un día en el metro. Tenía los dientes algo torcidos y el pelo rizoso como con greñas, despeinado. Me pareció muy guapo. No sé por qué. Sabía que no era quizás el típico chico que sale en los catálogos de Calvin Klein, pero esos rasgos eran muy suyos y llamaban la atención.
    (Personalmente, me quedan fatal las gafas. Soy un poco miope y para estudiar y alguna cosilla más las necesito, y no siempre me pongo lentillas. Eso sí. Odio las gafas con todas mis fuerzas)

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    1. Eso es que tenía algo que captó tu interés, que te atrajo, que le viste algo interesante.

      Yo tuve una época en la adolescencia de odiar las gafas y usé lentillas en un ojo, que era donde tenía casi todas las dioptrías. Luego me crecieron en el otro y me rechazaba las lentillas, así que tuve que recuperar las gafas y hasta hoy. A veces pienso que igual sin ellas podría estar más guapo, pero enseguida se me quita el pensamiento, me siento cómodo con ellas y ya forman parte de mí.

      Quien sabe, lo mismo un día empiezas a ver las gafas con otros ojos, nunca mejor dicho. Como a veces pasa con tantas cosas en la vida, que primero no nos gustan y al final nos encantan

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