lunes, 31 de diciembre de 2012

Acabando 2012




En estas fechas se llevan mucho los posts de hacer balance de lo que ha sido el año y cómo se presenta el siguiente, con la esperanza de que sea igual si ha ido bien o mejor si la cosa no ha ido muy allá. Este 2012 no ha sido un buen año en el tema personal y yo no estoy seguro de qué esperar en 2013 porque no sé dónde estaré dentro de 365 días, ni en lo personal ni en lo profesional. Así como otros años lo tenía bastante claro, en esta ocasión veo una nebulosa ante mí y debo reconocer que me da miedo.

Por ello, he decidido reciclar un cuestionario que respondí a finales de 2011, sobre cosas más atemporales y compruebo que mantengo muchas de esas opiniones.

 
1.- ¿Cómo te definirías?
Honesto, tímido, cariñoso, impulsivo, pasional, sensible, luchador, testarudo. Un optimista triste y un pesimista alegre.


2.- ¿Qué es para ti la amistad?
Es la unión entre dos personas que se aprecian, se respetan y se apoyan en los buenos y malos momentos. Y que no traicione, si un amigo te traiciona debería dejar de llamarse amigo tuyo.

3.- ¿Crees en el amor vía internet? Si crees, ¿te ha sucedido alguna vez enamorarte de alguien por este medio?
Internet es un buen medio (sobre todo a traves de blogs) para conocer gente interesante, con muchas cosas que decir, con sensibilidades con las que me puedo identificar. Y luego ya en el contacto directo puedes llegar a enamorarte.

4.- ¿Qué te gusta más, el día o la noche?
Soy de los nocturnos, aunque no tanto para salir de fiesta como para hacer otras cosas. Si no estoy cansado, es cuando mas despejada tengo la cabeza.

5.-¿Para ti qué va antes, el amor o el sexo?
Depende, porque hay gente con la que tendría sexo pero no me enamoraría. Y hay gente de la que me encantaría enamorarme y tener sexo, sin importar el orden.

6.- ¿Café con o sin leche?
No soy muy fan del café.

7.- Qué elegirías entre dos cosas, ¿recibir un beso de alguien enamorado de ti pero a quien tú no correspondes o besar a alguien a quien quieres pero que no te corresponda?
Besar a esa persona de la que estoy enamorado, aunque sólo fuera una vez.

8.- ¿Qué odias y que te atrae de una persona?
Odio: Las personas prepotentes, los que se van dando aires, las que juzgan sin conocer, las que creen que su opinión u opción es la única válida, las hipócritas y falsas, las que hacen daño por puro placer.
Me gusta: Las inteligentes, divertidas, irónicas, generosas, bondadosas, pícaras o sensuales, que sepan hablar de sus sentimientos.

9.- ¿Crees en el amor a primera vista?
El amor no surge de pronto, sino a través del contacto y del tiempo. Primero tiene que haber una atracción, una química. Y es algo que se cultiva constantemente, porque cuando las acciones y los gestos no acompañan a los palabras la cosa tiende a pudrirse.


Y hasta aquí el test. Siendo ésta la última entrada de 2012, les deseo un feliz Año Nuevo y que nos sigamos viendo el año que viene. Aquí seguiré hablando de las cosas que me llamen la atención y espero que puedan disfrutarlas conmigo.

viernes, 21 de diciembre de 2012

"Hysterical Literature": Sobre lo que se ve y lo que no se ve

Todos sabemos que Internet es un foco de cosas de lo más variopinto, desde lo más serio hasta lo más bizarro, lo más extraño o curioso que uno pueda imaginar. Navegando por Youtube he descubierto una serie de vídeos que consiguen captar la atención del espectador por lo que allí sucede. En principio vemos a una mujer que se pone a leer un libro en voz alta mientras le graban en plano fijo y en blanco y negro. De repente vemos como la voz le empieza a flaquear y empieza a hacer gestos raros hasta que nos damos cuenta de que está a punto de alcanzar un orgasmo, cosa que finalmente hace.




Y esa es la estructura de estos vídeos realizados por el artista neoyorkino Clayton Cubitt, a los que ha llamado "Hysterical literature". Por lo visto, colocó a todas estas mujeres un vibrador en su entrepierna y dejó que hiciera su efecto sobre ellas sin mostrar nada en el plano, grabando sus reacciones, dejándolas que leyeran hasta que ya no podían aguantar más la tensión sexual.

Este artista dice: "Lo que me interesa es la batalla el individuo tiene entre mente y cuerpo, y dónde está la línea del frente, y cómo puedo manipular. Además, estoy interesado en cómo las culturas trazan una línea divisoria entre aceptable y lo prohibido, entre cielo y tierra, entre lo que se puede aplaudir y lo que debe permanecer oculto. Este proyecto está empujando los límites en todas esas direcciones".

Uno puede pensar que todas ellas están actuando y que esto no es más que una tomadura de pelo de alguien que recurre a la atracción sexual para hacerse notar, que se aprovecha de lo que vemos y lo que no vemos para manipular nuestra mente. Puede que todo eso sea parte de lo que quiere expresar, no sería el primer artista que juguetea con la percepción de su público.

¿Intrigante, fascinante, sexy, provocación o pamplina? Puede que un poco de todo eso. Una de esas cosas que ves en Internet y en un momento dado llaman tu atención.


martes, 18 de diciembre de 2012

Cambios de peso a peor

"Hay muchos actores en Hollywood que son muy flacos para mi gusto. No comprendo esta obsesion por ser un palo vestido. Nunca podría ser asi, simplemente no es la forma de mi cuerpo. Yo no quiero perder nunca mis curvas, porque son lo que hacen que las mujeres parezcan mujeres. Te hacen sentir sexy". (Scarlett Johansson)



La actriz Anne Hathaway ha asegurado en una reciente entrevista que le cuesta sentirse cómoda con su cuerpo. "Todavía siento la presión sobre ¿Soy lo suficientemente delgada? ¿Soy demasiado delgada? ¿Tiene mi cuerpo la forma correcta? Hay una cualidad obsesiva que yo pensaba iba a superar a estas alturas. Es una fuente continua de vergüenza para mí", ha manifestado. Todo ello venía al hilo de los 11 kilos que ha tenido que perder para interpretar su personaje en la película "Los miserables". Ella decía que desnudarse en películas como "Amor y otras drogas" le había ayudado a luchar contra sus inseguridades, pero aún así no se sentía cómoda con su aspecto. Es una pena que haya dicho eso, porque a mí me parece que ella es una mujer muy atractiva, guapa y sexy, además de encantadora.




Al hilo de todo eso recuerdo cómo en los últimos días he tenido la oportunidad de ver por la calle marquesinas con la bellísima modelo francesa Laetitia Casta anunciando ropa interior. Era curioso ver a la gente, hombres y mujeres, fijándose en los sensuales posados de una mujer que siempre ha hecho gala de un gran magnetismo. Sin embargo, no podía evitar darme cuenta de que la Casta que ahora luce lozana y hermosa en las marquesinas es más delgadita que la que hace años sorprendió por su físico incontestable, que incluso estando vestida parecía estar desnuda. Y en estos anuncios necesita sujetadores "push up" para lucir un pecho que antes tenía de forma natural. Aunque en su descargo hay que decir que ya está en los 30 y tantos y ha sido madre, no siempre se puede mantener los vigores de la juventud.




Y algo parecido le ha pasado a Scarlett Johansson, que hoy luce más delgada que hace unos años, cuando sus formas parecían escaparse de sus ropas. Sigue estando estupenda, aunque ha perdido algo de voluptuosidad, su paso por películas como "Iron Man 2" o "Los vengadores" parecen haberla hecho un poco más atlética en detrimento de la carne.





Con todo ello, ellas no son ni la primera persona ni la última que se siente insegura con su cuerpo a pesar de no tener motivos para ello, a mucha gente le sucede. Esto es más acusado en el mundo de las celebridades, donde cada movimiento es vigilado con lupa e inmortalizado en foto. Una de estas mujeres famosas sale un día a la calle en chándal y sin maquillar y una legión de víboras se abalanza sobre ellas sin piedad. Así que toda esa exposición y la natural verguenza hace que gente con cuerpazos esculturales sienta la necesidad de adelgazar y tonificarse, malgastando parte de sus encantos.

Y esto es algo que se transmite a la gente común. Ven que a Scarlett Johansson le hacen burla por tener piel de naranja en su culo y se acomplejan mucho más, porque si le pasa a eso a Scarlett qué no les pasará a ellas. Y ves a chicas que no lucen ombligo porque tienen un poco de tripa, otra que no llevan manga corta porque sus brazos tienen algo de grasa, que no llevan faldas y lucen pantalones anchos porque ven su culo grande o sus muslos muy carnosos. Es un argumento muy viejo y manoseado, pero las imperfecciones no deberían asustarnos.



Yo tengo un aspecto normal y soy delgado, nada musculoso y sé que no voy a llegar a esos cuerpos trabajados de los guaperas de turno, pero no por ello me voy a poner a levantar pesas. Porque la experiencia me ha enseñado que el mundo está lleno de imperfecciones y que cuando te interesa de verdad una persona te atraen sus granos, sus celulitis, su pecho pequeño o sus muslos gordos, porque todo nace de ella, de la persona que te inspira amor.

martes, 11 de diciembre de 2012

La táctica de la avestruz




El otro día destacaba un trozo del libro "La novia sefardí", de Eliette Abecassis, que me había gustado mucho y hablaba de otro extracto que también había conservado, que es el que va a protagonizar esta entrada. En este caso se habla sobre las consecuencias de esperar a que las cosas se arreglen por si mismas:

"Treinta minutos después de la hora que habían quedado en verse, sonó el teléfono. Ella corrió a descolgar con la esperanza de que fuera Charles y poder explicarle lo que había pasado, para que no creyera que se había burlado de él, que no quería verle.

Se detuvo frente al auricular. Para rezar: ella era creyente. Juntó las manos y murmuró “¡Oh Dios, haz que sea él!”, después descolgó el teléfono.

El timbre acababa de dejar de sonar.

Esther le llamó a su casa, pero no estaba allí. Dedujo que él debía de haberla telefoneado desde una cabina. Pensó que acababa de perder la oportunidad de su vida.

Esther aprendió muchas cosas de este episodio. Se dijo que no solo rezar no sirve de nada en la vida, ni hace que las cosas avancen, sino algo peor, que la oración se hace forzosamente en detrimento de la acción, puesto que, en lugar de rezar, uno puede realizar el acto que la plegaria aniquila."


Este es un claro ejemplo de táctica del avestruz (en este caso con componente religioso), de esconder la cabeza y esperar a que todo haya pasado sin hacer nada, esperando que alguien lo haga por nosotros, una manera que en muchas ocasiones lleva a estropear las cosas. Hay cosas que debemos afrontar aunque nos den miedo, porque postergarlas, aplazarlas, dejarlas para otro momento, ya sea porque en ese momento no tengamos fuerzas o no tengamos ganas, es tirarlas a la basura, estropearlas. Porque puede que cuando queramos reaccionar el tren ya se haya ido.

martes, 4 de diciembre de 2012

La modelo (II)




Ella se miraba los pies. Le habían pintado las uñas de color violeta para un reportaje sobre pinturas y maquillaje. A las marcas les gustan mucho sus manos y sus pies y ya había hecho varios anuncios de productos de cremas manos y otras cosas de cosmética. Está mirando esas uñas violeta y las toca con aire distraído mientras piensa. Está ovillada en un sillón en una espaciosa habitación de hotel, mirando por la ventana el atardecer. Esa es su única exigencia en los hoteles, que su habitación esté lo más alta posible para ver los atardeceres, que siempre la han fascinado. Le gusta acurrucarse en los sofás, sintiendo el contacto de los tejidos en su piel mientras piensa en sus cosas o deja la mente en blanco.

Ya ha oscurecido y sigue pensando en él. El fotógrafo al que había conocido tiempo atrás le había dicho que quería mantener una relación abierta, una excusa para poder montárselo con quien quisiera sin cargos de conciencia. Él se acostaba con modelos y admiradoras y ella le mentía, diciéndoles que también tenía sus escarceos, buscando darle celos sin éxito. Entre los viajes de ella y él solo se veían de vez en cuando y eran fantásticos esos momentos de pasión en los que no salían del cuarto en todo el día y donde cada momento era todo un mundo. Finalmente él se iba y ella se quedaba allí sola, con una gran sensación de abandono, olfateando y acariciando las sábanas y su propia piel, buscando su rastro perdido. Uno de esos días de abandono y tristeza le había llegado un mensaje de un antiguo amor, que 4 años después de hablar con ella por última vez le había escrito para preguntarle por su vida.

A él le había conocido antes de hacerse modelo y por la manera de escribir es probable que no conociera esta faceta suya, ella estaba lejos de ser una de esas top models que copan portadas de revistas. Aún recuerda ella como le había declarado su amor años atrás, lo había hecho por carta, al estilo tradicional y él le había respondido que no podía ser, que le apreciaba mucho pero como amiga solamente, lo clásico en este tipo de contestaciones. Poco después de aquello ambos dejaron de hablarse, quizás porque ya estaba todo dicho, hasta este momento. Él le contaba que vivía con su novia y lo que había estado haciendo profesionalmente, al tiempo que le pedía noticias suyas.

Por una parte quería restregarle por la cara que era modelo para varias marcas y viajaba por varios países, codeándose con mucha gente guapa, que se diera cuenta de lo que había perdido. Aunque por otro lado prefería no hacer nada. Si hacía algo demostraría que aún le importaba y lo cierto es que lo tenía olvidado desde hacía mucho. Quizás él solo quería saber de ella porque le había venido a la memoria, del mismo modo que él en su día había ignorado sus llamadas y sus mensajes cuando ella le tenía en todo momento en su mente. O quizás se había enterado de que era modelo y quería tirar del hilo, a ver si había suerte y renacían antiguos sentimientos y él se daba el lujo de seducir a una modelo. O quizás estaba mal con su novia y se había dado cuenta de lo que había perdido hace años.

Y entonces dudaba, porque otra parte de si misma quería joder a su novio infiel y también darse el gustazo de hacer caer al antiguo amor y que fuera ella la que dijera que no podían ir más allá. No sabía lo que haría, probablemente no haría nada, como casi siempre. Seguiría la táctica del avestruz y escondería la cabeza hasta que todo se solucionase por si solo. Mientras pensaba en todo eso miró una vez más sus uñas de color violeta y se puso a escribir al móvil: "Hola, que sorpresa ver un mensaje tuyo...".

jueves, 29 de noviembre de 2012

La novia sefardí y la contradicción

Estoy leyendo un libro que se llama "La novia sefardí", de la francesa Eliette Abecassis. A la autora la conocí viendo hace unos meses la película "Un feliz acontecimiento", basada en una novela suya y que me gustó bastante, que me hizo interesarme por su obra. Por ello he estado buscando creaciones suyas editadas en nuestro país y de las que he visto me ha llamado la atención "La novia sefardí", una novela con tintes autobiográficos sobre una muchacha de Estrasburgo, hija de judíos sefardíes (los descendientes de los judíos que vivieron en España durante siglos) procedentes de Marruecos, que experimentará la contradicción entre la tradición de su estirpe y las necesidades de la vida moderna, al tiempo que trata de buscarse a si misma.



Aún llevo una porción del libro y me está gustando, de hecho me he guardado un par de trozos que me han llamado la atención, el primero de los cuales les adjunto a continuación:


"A causa de su físico podía caer en la melancolía más profunda, pasar de la risa al llanto, del entusiasmo a la depresión. Una parte de ella era solar, la otra lunar. Una parte extravagante y la otra reservada, acomplejada y retraída en si misma.

Aunque intentaba poner un poco de orden, todo lo que procedía de ella estaba motivado por su corazón y atemperado por su espíritu, lo cual la sumía en una gran confusión.

Era desconcertante para los demás y también para sí misma: intentaba sin cesar conocerse, saber quién era, sin conseguirlo. ¿Por qué estaba tan taciturna y desesperada? ¿De dónde venían esa torpeza, esa languidez, esa nostalgia permanente? ¿Por qué esa impresión de no estar nunca en su sitio, nunca en sintonía consigo misma, con sus deseos? ¿Por qué no conseguía determinar la naturaleza íntima de su deseo?

Ella no era hija de inmigrantes judíos marroquíes, ella era francesa por entero, no se sentía ni alsaciana, ni de Estrasburgo, ella se deseaba universal, alejada de todo particularismo, de todo lo que la hiciera diferente, de todos los rasgos prominentes de su personalidad, e incluso de su apariencia. Se vestía de un modo sobrio, elegante, sin llamar la atención, siempre de negro; nunca llevaba colores vivos, ni florituras, ni dorados, ni flores, ni encajes que hubieran descubierto a la oriental. Su maquillaje también era lo más neutro posible, color natural y color carne, que reflejaba la palidez de su cara. Los cabellos al natural, sin el rojizo, el negro y el rubio que adoraban las mujeres sefardíes. Esther se daba cuenta de que no tenían buen gusto y temía parecerse a ellas. Detestaba todo lo que fuera excesivo en las palabras, los actos o la vestimenta y sin embargo, en su interior, vivía cada instante con intensidad y dramatismo."



Este es un trozo que me ha llamado la atención por lo que me recuerda a la contradicción que llevamos muchos dentro de nosotros, al hecho de todas las personas que podemos llegar a ser y cómo sentimientos o ideas contrapuestas pueden tener un lugar en nuestra forma de ser. Lo he comprobado en mi mismo y en gente que he tratado y es un fenómeno bastante común. O quizá es que la gente que me interesa tratar es la gente con algún tipo de contradicción.

Misterios del alma humana.

 

lunes, 26 de noviembre de 2012

"Golpe de efecto". Clint Eastwood de nuevo ante la cámara

Este fin de semana acudí a ver el regreso de Clint Eastwood a la interpretación, tras anunciar su retirada ante las cámaras con "Gran Torino". El motivo de su vuelta ha sido el debut en la dirección de su amigo y ayudante de dirección y productor durante muchos años, Robert Lorenz, en su debut tras la cámara. Hablamos de "Golpe de efecto".



"Golpe de efecto" cuenta la historia de Gus Lobel (Clint Eastwood), un veterano cazatalentos del mundo del béisbol, que ve como su salud empieza a deteriorarse con la edad y como su compañeros le insinúan que debería retirarse. Pero él, tozudo y gruñón, seguirá haciendo lo que mejor sabe hacer y contará con la inesperada ayuda de su hija Mickey (Amy Adams), obsesionada con su trabajo en un bufete de abogados y con la que ha mantenido una relación distante tras la muerte de su madre. Pero a ambos les une el amor al mismo deporte.

Esta película no viene dirigida por Clint Eastwood, que tras su ajetreada carrera en los últimos años parece haberse tomado un respiro en sus labores de director, aunque los temas del filme encajan como un guante en buena parte de su filmografía. La relación dificil con la hija, el aprendizaje vital de la misma, la esposa fallecida a la que Eastwood sigue recordando, el protagonista cascarrabias de buen corazón o los jóvenes pusilánimes que quieren arrebatarle el puesto al bueno de Clint recuerdan a cintas como "Million dollar baby", "Sin perdón" o "Gran Torino", sin ir más lejos.



Robert Lorenz da buena muestra de haber sido compañero y discípulo de Eastwood y cuenta la historia más o menos como lo haría Eastwood, con una trama de toques dramáticos suavizada con el humor y la ironía de su protagonista, una visión sencilla (que no simple) de las relaciones humanas y su búsqueda del sentimiento (que no del sentimentalismo, aunque hay algunos subrayados musicales que sobran). El mismo Lorenz dice que ha seguido consejos de Eastwood y el método de rodaje que siempre aplica Clint (con el mismo director de fotografía y el mismo montador), de hacer pocas tomas de las escenas para no aburrir a todo el mundo y mantener la tensión.

También las actuaciones son uno de los puntos fuertes. Eastwood se mueve como pez en el agua en un personaje de tipo duro que oculta sus sentimientos, un personaje que ha venido interpretando muchas veces a lo largo de los años con bastante acierto. Resulta también muy agradable ver el crecimiento como actriz de Amy Adams, que empezó su carrera en papeles de chica naif y algo ñoña y últimamente está dejando ver que puede dar vida con convicción a mujeres más duras, en películas como "The fighter" y esta que nos ocupa. Su química con Eastwood es más que notoria, no tanto con Justin Timberlake, que interpreta a una antigua leyenda del béisbol que cruzará su camino con el de padre e hija y que no lo hace mal. No quiero olvidar tampoco la excelente labor de secundarios como John Goodman o Robert Patrick, que ayudan al buen acabado de la película.



Así pues, un filme que se deja ver con agrado, que no descubre nada nuevo y que no llega a las cotas de otras obras magnas de Clint Eastwood,  pero que supone disfrutar un poco más del carisma y el buen hacer de Eastwood, que aún tiene cosas que decir.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Lunares

La presentadora televisiva Anna Simón suele llamar la atención por su atractivo físico y los escotes vertiginosos que le ponen casi siempre. Sin embargo, lo que más me provoca curiosidad en ella cada vez que la he visto han sido los lunares que tiene en el cuello. En concreto son tres lunares colocados de arriba hacia abajo en línea recta y con la misma distancia entre cada uno de ellos.



Los lunares son una característica física que ha dado lugar a un gran número de poemas, canciones y diversas creaciones literarias, por su poder evocador.

Los lunares son puntos en nuestro cuerpo que presentan una pigmentación diferente al resto de la piel y su nombre viene de que se atribuía su aparición al influjo de la Luna. Científicamente se les considera tumores benignos y sólo representan peligro cuando aumentan de tamaño de forma repentina. Asimismo, se asegura que todas las personas tenemos en nuestro cuerpo entre 10 y 40 lunares. Hay incluso creencias de que según los lunares que tenemos se puede conocer nuestro carácter y adivinar nuestro futuro.

Si alguna vez les he hablado de las manos y de lo mucho que me atrae esa parte del cuerpo, también he de reconocer que los lunares me resultan muy interesantes. Esas pequeñas manchitas en la piel sirven para realzar y dar personalidad las partes en las que se hallan. Cualquier parte del cuerpo es susceptible de tener lunares y muchas personas los tienen más concentrados en una zona determinada.

A un servidor le encantan los lunares en un rostro o en un cuerpo de mujer. Me gustan en casi todas las zonas, siendo mis favoritas las mejillas, el cuello, el pecho y la tripa. Me parece que los lunares en esos lugares dan más belleza y un encanto especial a quien los tiene. Donde me gustan menos es sobre los labios, que es un sitio donde se suelen considerar bonitos, al estilo Marilyn Monroe y que a mí no me acaban de convencer.



Y no quiero terminar sin una foto de la actriz Natalie Portman, un ejemplo de alguien con lunares en el rostro que contribuyen a realzar su hermosura.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Amor a través del arte






Corría 1948 cuando la actriz Ingrid Bergman fue al cine a ver "Roma, ciudad abierta", de Roberto Rossellini. Tanto le gustó y tanto le removió la película que quiso ver "Paisá", la otra película del director. Y fue cuando ella, que venía de protagonizar películas como "Casablanca" o "Encadenados" no pudo aguantar más y le escribió una carta: “Señor Rossellini: he visto sus dos filmes y me han gustado mucho. Si necesita una actriz sueca que hable inglés perfectamente, que no ha olvidado el alemán, a quien apenas se entiende en francés y que del italiano sólo sabe decir ti amo, estoy dispuesta a acudir para hacer una película con usted”.

La relación de inmediato dejó de ser profesional para transformarse en un apasionado romance, hecho que escandalizó a los Estados Unidos, porque ella no sólo estaba casada y tenía una hija, sino que la consideraban una figura emblemática dentro del mundo de Hollywood. Los periódicos incluso la llamaron adúltera. Hollywood no le perdonó que abandonara a su marido e hija y promovió un boicot que duró tres años. Durante ese período, Ingrid no pudo volver a EE.UU. Se divorció en 1950, año en que se casó con Rossellini embarazada de su hijo Robertino. Después vendrían sus otras dos hijas: las gemelas Isotta e Isabella. Rosellini la dirigió en seis películas y no le dejó trabajar con otro director. Esta época no se caracterizó por el éxito, hubo problemas económicos y la relación se deterioró cada vez más, hasta su divorcio en 1957. Lo que quedó de todo aquello fue cómo una de las actrices más bellas y deseadas de su tiempo, que había compartido cartel con galanes como Cary Grant o Humphrey Bogart, dejó su vida por un director medio calvo y regordete, porque ya se había enamorado de él a través de su obra.
 
Una de las hijas de Roberto y de Ingrid, Isabella, se casó a finales de los 70 con el director Martin Scorsese, un hombre bajito y feote y con él estuvo durante unos años hasta que lo dejó por su temperamental humor. Tras otro matrimonio fallido en el que tuvo a una hija, Isabella Rossellini conoció a David Lynch, un hombre de aspecto excéntrico con su tupé a lo Elvis, sus camisas abotonadas hasta el cuello y sus ideas extravagantes en la gran pantalla, que le había ofrecido un papel para su película "Terciopelo azul". La conexión que desarrollaron ambos en el plató fue tal que "cuando terminó el rodaje nos dio mucha pena separarnos, y pensamos que tal vez hubiera algo más que nos unía. Así nos convertimos en pareja", tal y como explicó la propia Isabella.






La relación entre ambos se extendió durante cuatro años hasta una ruptura que Isabella tuvo que superar a través de terapia. La hija de Ingrid, imagen de una marca de perfumes y tan bella que podía poner a cualquier hombre a sus pies se había enamorado de dos directores poco agraciados y con un universo muy particular, algo parecido a lo que su propia madre hizo décadas atrás cuando lo dejó todo por un universo que la había removido por dentro.
 
Dos mujeres, madre e hija, unidas por su amor a los directores que las enamoraron a través de sus creaciones.

martes, 13 de noviembre de 2012

Gran Pantalla: "Skyfall" y "En la casa"

Este fin de semana he tenido mi habitual cita con el cine y lo he hecho viendo un par de películas tras las que andaba a la expectativa.

La primera de ellas ha sido "Skyfall", la nueva aventura de James Bond, en la que es la tercera vez que lo encarna Daniel Craig y que se estrena cuando la franquicia ha cumplido 50 años. La dirige Sam Mendes ("American beauty", "Camino a la perdición", "Revolutionary Road"), que aquí cambia de tercio respecto a la mayor parte de su filmografía y cumple bastante bien el cometido de dirigir un thriller competente, que no insulta la inteligencia y está a la altura de lo que se espera de una película de la saga Bond, con chicas guapas (Berenice Marlohe, todo un descubrimiento), malos algo ridículos (un amanerado Bardem que está bastante aceptable) y las puntuales escenas de acción, bien dosificadas. No cabe decir mucho más de esta peli, que se queda en un puesto intermedio de las cintas de Bond protagonizadas por Daniel Craig hasta la fecha, siendo la mejor "Casino Royale" y la peor la mediocre "Quantum of Solace". Se deja ver con agrado.



La otra película me resultó más interesante y es la que quiero comentar más ampliamente. Se trata de la película "La casa".



Un profesor de literatura francesa (Fabrice Luchini), desalentado por las insulsas y torpes redacciones de sus nuevos alumnos, descubre entusiasmado que el chico (Ernst Umhauer) que se sienta al fondo de la clase muestra en sus trabajos un agudo y sutil sentido de la observación. Este chico, que se siente extrañamente fascinado por la familia de uno de sus compañeros, escribirá, animado por el profesor, una especie de novela sobre esa familia, en la que es difícil distinguir entre realidad y ficción.

“En la casa” es el nuevo filme de François Ozon, un realizador que comenzó su carrera a finales de los 90 como uno de los “enfants terribles” del cine galo con filmes que buscaban transgredir los géneros a los que inicialmente pertenecían. “Sitcom”, su debut, empezaba como una comedia televisiva y familiar y terminaba de una manera bastante bizarra. “Los amantes criminales” era una curiosa puesta al día del cuento de Hansel y Gretel y “Swimming pool” jugaba con los códigos del thriller y la creación literaria. En esos parámetros se mueve “En la casa”, que juega con el espectador y lo introduce en su trama del mismo modo que lo hace con su protagonista, en una trama que recuerda también a Claude Chabrol a la hora de mostrar las zonas oscuras de la burguesía.



Uno de los referentes que se cita en el filme es Sherezade, la protagonista de “Las mil y una noches”, que engatusa con historias al sultán para retrasar su muerte. El joven cautiva con sus relatos inquietantes al profesor, que al mismo tiempo le alentará y le hará ver la forma de hacer sus creaciones más atractivas. Todo ello hasta llegar a un momento en el que el espectador empieza a dudar de si lo que está viendo es un relato fiel de las vivencias del joven o una invención con la que interesar al profesor.



Una inteligente reflexión sobre la naturaleza de los relatos, de esas historias que nos cautivan y nos transmiten sensación de realidad, más allá de lo que se cuenta sea verdadero o fabulado. A todo ello ayuda la hábil puesta en escena de Ozon y su ajustado reparto, con un Fabrice Luchini que borda una vez más un personaje gris y mediocre y unas Kristin Scott Thomas y Emmanuelle Seigner que lucen una espléndida madurez actoral y física. Quizá flaquea algo Ernst Umhauer como ese adolescente lobo con piel de cordero, que no acaba de transmitir las dobleces necesarias.

Esta notable película ganó la Concha de Oro del Festival de San Sebastián y demuestra que Ozon sigue ahí, que no se quedó en uno de los directores de la tendencia del momento para luego desaparecer. Que ha seguido haciendo películas, aunque de escasa o nula distribución en nuestro país y que demuestra que sigue siendo alguien a tener en cuenta.


viernes, 9 de noviembre de 2012

Ella



La cosa empezó haciendo el tonto por las redes sociales. Ella eligió como avatar la imagen de una mujer con los ojos pintados de negro y maquillaje corrido por las lágrimas, una imagen triste y algo salvaje que no se correspondía con la suya, pero que iba a ser la suya en ese medio de comunicación. Sintió la libertad de escribir lo que le diera la gana y se permitió el lujo de poner palabrotas, frases malsonantes e ideas sexuales de todo tipo. Que dirían las monjas del colegio al que asistió si la vieran ahora. En términos freudianos, aquello fue una liberación del subconsciente en toda regla, no había inhibición de ningún tipo.

Todo eso le encantaba a los tíos, que le mandaban mensajes públicos y privados en los que le respondían cosas aún más soeces y atrevidas que las suyas y le pedían constantemente conversaciones privadas. A ella le divertía todo aquello y les seguía el juego, quería ver hasta donde era capaz de llegar. Tenía conversaciones con algunos de los hombres que la deseaban y flirteaba con ellos, les decía que era ninfómana y que cada día se lo montaba con un hombre distinto, a veces dos.

Ellos se volvían locos, notaba como se excitaban y le mandaban fotos de sus miembros y le decían sus deseos de practicar sexo con ella. Había días en los que ella se sentía más juguetona y les mandaba fotos suyas provocativas. En una salía en ropa interior, en otras enseñaba el culo o las tetas. Nunca mostraba su cara y disfrutaba con los comentarios de aquellos salidos. Ella, que nunca había estado a gusto con su cuerpo, veía como los hombres le hacían sentirse deseada.

Pero todo esto cambió el día que le conoció a él. Llegó sin hacer mucho ruido, destacando que era una chica sexy, aunque con mucha corrección, sin apenas apasionamiento. Cuando hablaba con ella lo hacía sin prestar atención a las cosas que a todos los demás les excitaban. Empezó a conocer cómo ella era una mujer de 34 años que vivía con su novio, que estaba en paro desde hacía unos meses, que le gustaba leer y ver películas y pasar largos ratos tumbada en la cama o el sofá, soñando cosas, que entraba en esa red social para entretenerse, que la relación con su novio se había deteriorado y ya no sabía si seguía enamorada de él. De hecho ya empezaba e plantearse si había estado enamorada alguna vez, en si había experimentado ese fuego interior, esa sensación de entrega total al otro de la que todos hablaban.

Al mismo tiempo conoció muchas cosas de él y aunque no era guapo, acabó encontrándole atractivo por las muchas ideas y características que compartían. Ella le mandó una foto suya, pero no de sus pechos o de su trasero, sino de su rostro, ese que había ocultado hasta ahora. Lo que sí ocultaba era la atracción que le producía aquel hombre y tampoco le dijo que había sentido un tirón en el vientre cuando él le había dicho que ella le gustaba, que después de aquella confesión ella se había mastrubado pensando en él.

Él le había pedido quedar en persona, que quería conocerla en carne y hueso. Ella le respondió que ella iría a su ciudad, que no quería que la reconocieran por la calle.

Esa mañana le había dado un beso de despedida a su novio cuando éste se iba a trabajar y había decidido que finalmente no iría a verle a él. Seguía repitiéndose que no iría mientras se ponía esa ropa interior negra de encaje y esa blusa de color violeta tan bonita, que guardaba para las ocasiones especiales. No pensaba ir mientras se dirigía con un pequeño maletín camino de las estación a coger un autobús y seguía diciéndose que se volvería lo antes posible a casa mientras el autobús iba camino de la ciudad de él. Y al mismo tiempo no podía olvidar las mariposas que tenía en el estómago y las ganas que tenía de besarle cuando le viera.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Horror y luz

 
 
 
Estos días de homenaje a los difuntos que acabamos de pasar siempre me hacen pensar en diversas circunstancias de la vida, en lo fugaz que es sin que nos demos cuenta. Me da por pensar en el caso de Tony Scott, el director de películas como "Top gun", "Amor a quemarropa", "Enemigo público" o "Dejá Vu", que este verano se tiró de un puente cuando supo que tenía un cáncer terminal. Pienso en las chicas que han muerto tras la avalancha humana en esa fiesta de Halloween de hace unos días y pienso también en la hermana de un conocido que murió de cáncer hace pocos días, después de que la metástasis se comiera su organismo en apenas 4 meses.
 
Pienso en todos esos casos y siempre me digo aquel dicho célebre de "no somos nadie". Que creamos que estamos aquí para siempre y un día nos vamos a tomar por saco. Que podemos sentirnos bien y un día te detectan un cáncer y en pocas semanas te has muerto, que vayas a una fiesta y no vivas para contarla. Y todo esto es más inquietante si le sucede a gente joven, pensamos en todas las cosas que ya no podrán hacer. Esas chicas de 18 años ya no podrán estudiar una carrera, enamorarse, reír, llorar, soñar, leer, ver películas y series, practicar sexo, salir a más fiestas, llegar a tener vida en pareja, a tener hijos, a bañarse en el mar, ir a la montaña, ver atardeceres y amaneceres y un largo etcétera. Yo me recuerdo a mi mismo con 18 años, cuando era un pequeño idiota que aún no había empezado a vivir y de pensarlo se me cae el alma a los pies.

Y esa muchacha que murió de cáncer sin cumplir los 40, que quizá había hecho planes de vida a largo plazo ve como todo se reduce a nada, como la vida se le escapa de las manos con rapidez, sin poder controlarlo, como el agua que se va por el desague. O ese director que seguía haciendo películas con asiduidad y disfrutando de las mieles del éxito en Hollywood, ha visto como todo ese sueño se desvanecía y se convertía en una pesadilla de la que no se podía despertar.

Y como digo, pensar en todo eso me produce una serie de sensaciones. Una, es el hecho de estar vivo y de gozar de buena salud por el momento y dos, pensar en que los debates que monto a veces a veces en mi cabeza no son más que pequeñeces, tonterías incluso. Se dice que el mal de muchos es el consuelo de los tontos, pero yo digo, tirando también del refranero, que cuando las barbas de tu vecino veas pelar pon las tuyas a remojar, que puede que tú seas el siguiente en pasar por su situación.

Este verano lo he pasado bastante mal. Por diversas circunstancias me he sentido desplazado de la vida, he tenido la sensación de que todo el mundo ha hecho planes y ha vivido cosas y yo me he estancado, siendo un día igual al otro, envidiando esa felicidad que veía en otros y sintiéndome desgraciado por tener apenas una pequeña parte de esa felicidad, conseguida en momentos muy concretos. Un verano en el que mi físico se resintió, donde cuando veía a alguien me hacía ver lo delgado que me estaba quedando y donde me he mirado al espejo y me he visto mal. Debo decir que ahora la cosa está un poco mejor y me siento mejor que en esos olvidables julio y agosto y con todo ello, pienso ahora en todas estas cosas y me siento idiota.
 
Que con la de gente a la que se le escapa la vida de las manos, yo me ponga a la espera de que alguien llame a mi puerta es estúpido. En que debería dejar de perder el tiempo y dejar de esperar y lanzarme yo a por las cosas. Porque por mucho que creamos que está todo controlado, nada lo está y pasado mañana te vas de aquí y ya no vuelves. Y se te escapa la vida y lo único que has hecho es padecer y esperar un golpe de suerte.
 
Son reflexiones que pueden parecer negras y pesimistas, pero más bien son lo contrario, son cosas que me animan a seguir hacia adelante, a pensar en la suerte que tengo de estar aquí en unas condiciones bastante interesantes. Es como las sensaciones que transmite "El pianista", de Roman Polanski, un filme que bajo toda su negrura te acaba haciendo sentir bien. Esa historia de alguien que lo pierde todo y aún así lucha por sobrevivir contiene un halo de esperanza, de luz en el horror, que es muy de agradecer. Porque la vida puede llegar a ser un horror, pero también puede ser maravillosa y sea como fuere, solo tenemos una y no sabemos cuando se terminará.
 
Y porque a veces el día más oscuro se convierte en limpio y despejado cuando alguien te escribe unas palabras y se acuerda de ti. Te demuestra que estás vivo porque ya esa persona te lleva dentro de si misma. Algo que da un enorme placer y una enorme alegría.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Realidad y ficción. "Ruby Sparks" y "Argo"

En mi habitual visita al cine de los fines de semana tuve la oportunidad de ver dos películas que me han demostrado que a veces saber lo menos posible sobre aquello que vas a ver es lo mas apropiado, que a fuerza de ver muchos trailers acabas conociendo hasta el menor detalle y luego el visionado pierde fuerza. Así que sin apenas saber nada de ellas fui a ver "Ruby Sparks" y "Argo".




"Ruby Sparks" cuenta la historia de Calvin (Paul Dano), un joven escritor que logró gran fama con su primera obra y que áun sigue viviendo de las rentas de todo ello, sin haber publicado y con un serio bloqueo creativo, además de que su vida personal tampoco es nada del otro jueves. Todo ello cambiará el día que empiece a escribir sobre Ruby (Zoe Kazan), una chica que aparece en sus sueños y que le inspirará a elaborar varias páginas. Lo que Calvin no se imagina es que un día Ruby se hará real y vendrá a alterar su vida.



El filme es la nueva película del tandem formado por Jonathan Dayton y Valerie Faris, que en 2006 dieron el campanazo a nivel internacional con "Pequeña Miss Sunshine", un filme de vocación modesta que enamoró a público de todo el mundo con la historia de una familia que se conoce mejor a si misma en un viaje para participar en un concurso de belleza. Ahora nos muestran la peripecia de un escritor de vida mediocre que creará en la ficción a la mujer de sus sueños sin saber que ese personaje acabará tomando vida propia, apartándose de las características con las que él la creó.

Ruby es una chica dulce, algo alocada, que viste con ropa muy colorista, que sabe cocinar muy bien y enamora a quien la trata. Es la mujer que siempre ha deseado el taciturno Calvin, que aún no ha sido capaz de superar su anterior ruptura. Cuando ella se hace real todo parece fruto de un sueño, Calvin tiene a la mujer con las características que siempre había deseado. Pero en ocasiones los sueños se pueden convertir en pesadillas y suele ocurrir que los personajes que creamos en la ficción acaban ganando personalidd propia y evolucionan hasta límites que no podíamos imaginar.



La cinta de Dayton y Faris es una interesante reflexión sobre la creación literaria y sobre las relaciones de pareja. Sobre cómo nos hacemos una determinada idea de una persona y muchas veces esa imagen va cambiando con el paso del tiempo, cómo la gente evoluciona y lo que un día es blanco puede acabar convirtiéndose en negro. Sobre cómo a pesar de que queramos poseer a la persona que amamos, formando un único ser, no podemos evitar que se nos escape de las manos o que viva su propia vida.

A todo ello ayuda el guión de la actriz Zoe Kazan (nieta del mítico director de "Esplendor en la hierba" o "La ley del silencio"), que plantea estas cuestiones en una trama desarrollada a modo de fábula y se reserva el papel de la adorable Ruby, un papel que hubiera hecho las delicias de Zooey Deschanel, al moverse en unos parámetros similares a los que transita la protagonista de "500 días juntos" y "New girl". Kazan y Paul Dano (que en "Pequeña Miss Sunshine" era el adolescente que se negaba a hablar), dan vida con convicción a una curiosa pareja, unida por las letras. La película cuenta también con la breve aparición de Annette Bening y Antonio Banderas, como la madre del escritor y su amante, una aparición que quizá es de lo más prescindible de la película, que no aporta mucho a la historia principal.



De este modo nos hallamos ante un filme que ha sido muy poco publicitado por estos lares (yo me enteré de su estreno consultando en Filmaffinity) y que a buen seguro no llevará a mucha gente al cine, pero que tiene los ingredientes para convertirse en película de culto, de esas que van ganando popularidad por el boca-oreja. Merece la pena verla.

La otra película que vi sin saber mucho de ella fue "Argo", el tercer largometraje como director del actor Ben Affleck tras las estupendas "Adiós, pequeña, adiós" y "Ciudad del ladrones", que aquí se apunta los hechos reales, narrando el rescate de seis ciudadanos estadounidenses durante el secuestro de la embajada yanqui en Irán en las revueltas de 1979, tras la llegada al poder del Ayatolá Jomeini. El propio Ben Affleck se reserva el papel de Tony Mendez, el agente de la CIA que logró sacar del país a esas personas simulando que formaban parte del equipo de rodaje de una película de ciencia ficción canadiense.




Affleck demuestra lo ya ofrecido en anteriores ocasiones, que como actor no tiene un registro muy amplio pero que como director tiene un pulso notable, que sabe cómo contar una historia para captar la atención del público y dotar a la trama de un interés que te hace pensar en el resultado final tiempo después de haberlo visto. En "Argo" coge una trama realista, la dota de una estructura de thriller con connotaciones políticas y ello no le obstaculiza para insertar algunos toques de humor, sobre todo a cargo de la parte ambientada en Hollywood, con John Goodman y Alan Arkin dando vida con garra a dos socarrones habitantes de ese mundo de la farándula. Esa mezcla de thriller con humor no chirría y queda como un guante, construyendo una cinta que sabe mantener el suspense hasta el último momento y que hace que te preguntes si lograrán los protagonistas su objetivo.



A la película le sobran algunas pinceladas sobre la vida familiar del personaje de Affleck y cierto sentimentalismo en sus últimos minutos, pero es una película que en si misma reflexiona sobre cómo la realidad supera tantas veces a la ficción, sobre cómo ésta es a veces tan increíble. Sobre cómo el hecho de hacer pasar por trabajadores de cine a un grupo de diplomáticos para sacarlos de Irán fue la idea menos mala y que antes de ello desde la propia inteligencia estadounidense incluso llegó a plantearse su huida en bicicleta para no ser interceptados por las carreteras.

El Affleck actor tiene muchas ocasiones en las que flaquea, pero el Affleck director suma ya 3 de 3 en películas de indudable interés. Yo sigo prefiriendo "Ciudad de ladrones" gracias a ese encanto que es Rebecca Hall, pero tanto "Adiós, pequeña, adiós" como ésta "Argo" son muestras bastante notables de un talento que parece estar más reservado a situarse detrás de las cámaras.



Así pues, dos películas que ponen en juego el concepto de realidad y ficción, cada una a su modo, en ambos casos sumando productos muy interesantes y recomendables.

lunes, 29 de octubre de 2012

El curioso caso de Javier Marías

 
 
En los últimos días el mundo literario ha estado algo revuelto por el rechazo del escritor Javier Marías al Premio Nacional de Narrativa que otorga el Ministerio de Cultura por su novela "Los enamoramientos", considerada la mejor novela en castellano publicada en nuestro país en 2011.
 
No es habitual que un escritor renuncie a un premio y menos a uno de este calado, por el prestigio que supone y los 20.000 euros de los que está dotado, bastante dinero para lo que se suele mover entre la mayoría de escritores, que luchan por vivir de sus letras. Y sin embargo, Marías lo ha rechazado asegurando que es una actitud coherente con una trayectoria en la que no ha querido aceptar ninguno de los premios que le han concedido. Y tal es así, que ha asegurado que si le concedieran otros premios aún más importantes, seguiría diciendo que no, porque no inició su carrera de escritor para ser premiado.
 
Y todo ello es un caso curioso porque el artista siempre tiene ese punto de vanidad, que hace que este tipo de reconocimientos sean bien recibidos en la mayoría de ocasiones. Quien escribe de cara a los demás, para que alguien lo lea, ya tiene ese punto de vanidad, de considerar que lo que ha escrito merece la pena ser mostrado al mundo. Pasa sin ir más lejos en el universo de la blogosfera, donde todos escribimos contando las cosas que nos pasan o nuestro punto de vista sobre diversos temas con la esperanza de que alguien lo lea. Si solo fuera escribir por escribir, nos conformaríamos con nuestro diario íntimo. Y esto no lo digo como algo criticable, en absoluto, todos los artistas y creadores que en el mundo han sido son más menos vanidosos, que lo suyo merece la pena y por eso lo enseñan.
 
También se da el caso del que dice que no a los reconocimientos, que dice que eso es todo mercadería y politiqueo y puede que sean ganas de hacerse notar, por vanidad una vez más. Darse un aura de malditismo y de inconformidad para ganarse el halago de los que piensen como él. No creo que ese sea el caso de Marías, que nunca ha querido ir de alternativo ni de "enfant terrible" en sus escritos.
 
Recuerdo cuando empecé a leer a Marías, en mi adolescencia, cuando publicaba sus artículos en la revista "El Semanal", que distribuyen los diarios del Grupo Vocento. Entonces leía con pasión a Pérez Reverte y me sentía envuelto por sus batallitas y sus diatribas, su forma de escribir cargada de tacos se entendía muy bien con la furia adolescente que yo tenía. Marías en cambio me parecía aburrido, siempre tan moderado y correcto en sus expresiones, de modo que si el tema de que hablaba no me interesaba, pasaba olímpicamente de él. Un día Marías dejó de publicar en "El Semanal" y no supe hasta años después que había abandonado sus colaboraciones en la revista por haberle sido vetado un artículo por temas religiosos.
 
Pasaron los años y lo redescubrí en "El País Semanal", al tiempo que descubrí "El País" (en mi casa solo se compra el periódico regional)y empecé a verlo con otros ojos. Yo había dejado de ser adolescente e incluso había terminado la carrera y muchas cosas de mí habían cambiado. Empecé a ver en Marías un estilo sencillo y certero, que iba al grano sin preocuparse por mostrar cuantas palabras conoce del diccionario (un mal de ciertos articulistas ñoños) y que tampoco tenía que decir palabrotas ni acordarse de la madre de nadie para transmitir sus ideas. Y todo eso me llamó y desde entonces le sigo cada semana, identificándome en varias de sus opiniones y su forma de mostrarlas
 
Sin embargo, no había leído ni una línea de su prosa. pensando que quizá fuera aburrido para los textos largos, aún se mantenía ese prejuicio de cuando era más joven. Y en esas estaba cuando me decidí a leer "Los enamoramientos", cuyo tema me interesaba y la experiencia fue grata. No es un libro que vaya a poner entre mis favoritos, pero me entretuvo leerla y noté a un novelista con oficio, que sabe contar cosas de modo que se queden en tu cabeza después de haberlas leído y que las reconozcas ten tu vida diaria.
 
Ahora Marías ha rechazado el galardón por este libro, porque aceptarlo sería en sus palabras una "sinvergonzonería", incoherente con su actitud anterior. No es fácil hacer eso, que el halago siempre es bien recibido y que te digan lo bueno que eres viene bien para la autoestima. Y tampoco creo que quiera convertirse en alguien ajeno al sistema, a darse bombo con ello. Creo que simplemente pasa del mamoneo, las intrigas y los estómagos agradecidos, tan frecuentes en todos los ámbitos de la vida.
 
Y eso no suele ser fácil, creo que no sería capaz de hacer lo mismo, un premio así es todo un sueño. Así que aunque solo sea por eso, me parece admirable la actitud de Marías.

martes, 23 de octubre de 2012

Clásicos fuera de época

Este fin de semana he tenido la oportunidad de ver dos películas inspiradas en relatos escritos de fama internacional y en ambos casos ambientadas en épocas y lugares diferentes a los que fueron concebidas. Se trata de la versión de "Blancanieves", que firmado Pablo Berger y "Grandes esperanzas", de Alfonso Cuarón.


"Blancanieves" cuenta la historia de Carmen (Macarena García), una joven con una infancia atormentada por su terrible madrastra Encarna (Maribel Verdú), una enfermera que se casó con su padre, el torero Antonio Villalta (Daniel Giménez Cacho) tras la muerte de la mujer de éste, la cantaora Carmen de Triana (Inma Cuesta). Huyendo de su pasado, Carmen emprenderá un apasionante viaje acompañada por sus nuevos amigos: una troupe de Enanos Toreros.



Esta es la tercera versión del famoso cuento que llega a nuestras pantallas en los últimos meses, tras las protagonizadas por Julia Roberts y Charlize Theron y que no he llegado a ver. Esta Blancanieves en blanco y negro y muda tiene además la acusación de haber surgido a la sombra de "The artist", realizada en similares parámetros. Acusaciones falsas si tenemos en cuenta que la Blancanieves española ya había sido rodada cuando se estrenó la exitosa cinta francesa y que según aseguran sus responsables llevaba varios años de preproducción y con dificultades para hallar financiación, que tuvo que ser de origen europeo, antes de que algún medio español se subiera al carro a última hora.


La cinta de Pablo Berger, 9 años después de su interesante (y minusvalorada) "Torremolinos 73", es una de esas películas que se disfrutan de principio a fin, de esas películas que hacen recuperar o renovar el amor por el cine, como principio de una serie de sensaciones que tantas veces se pierden en entretenimientos vacíos. Para aquel que crea que va a ver un cartón piedra, "Blancanieves" sigue los pasos de "The artist" en ser una película de antes hecha con un ritmo actual, con escenas y situaciones que mantienen el interés del espectador.




En "Blancanieves" se nos muestra la España del primer tercio del siglo XX tirando de los tópicos, ya que vemos a una España de toreros y tonadilleras, una España campestre y carpetovetónica. El director sabe lo que maneja y juega con ello, del mismo modo que jugaba con los tópicos de la "españolada" y el landismo en "Torremolinos 73". Blancanieves se hace la más conocida del reino a través del toreo y el espejo de la madrastra es la revista "Lecturas", que glosa en su portada las hazañas de su odiada hijastra. Todo ello pasado un filtro deudor en parte de Velázquez, de Goya y de Buñuel, con un retrato irónico de la España cañí.

Además de la magnífica puesta en escena, la fotografía y la música, hay que destacar la labor de los intérpretes, especialmente de esa Maribel Verdú en su primer papel de malvada en el cine y una Macarena García que enamora a la pantalla con su mirada. Todo ello para conformar una película muy recomendable.


La otra película que he visto, esta ya en DVD, ha sido la versión de "Grandes esperanzas" de Charles Dickens, que firmó Alfonso Cuarón en 1998. Hace un tiempo me vino a la cabeza la historia, que es una de mis novelas de cabecera, de esas que me llevaría a una isla desierta y quise ver la película, para ver qué habían hecho con la trama.


Esta "Grandes esperanzas" cambia la nubosa Inglaterra victoriana por la soleada Florida de finales del siglo XX. Gracias al dinero de un benefactor desconocido, Finn (Ethan Hawke), un joven pobre, llega a Nueva York para dedicarse a la pintura. Desde que era niño Finn vive obsesionado por la bella Estella (Gwyneth Paltrow), que se convierte en la musa que inspira sus cuadros.



Su director, el mexicano Alfonso Cuarón, tiene una filmografía algo curiosa. A caballo entre su país y Hollywood, lo mismo hace cuentos como "La princesita" a filmes bastante adultos como "Y tu mamá también", que pone su oficio al servicio de la industria en "Harry Potter y el prisionero de Azkaban", que películas de ciencia ficción con pretensiones (la para mí fallida "Hijos de los hombres"). Uno de esos directores a los que cuesta reconocer un sello autoral, pero que no por ello dejan de ser interesantes.

"Grandes esperanzas" mantiene su fidelidad al libro en la parte más romántica y es ahí donde más se centra, dejando un poco de lado a los personajes de Anne Bancroft, como la señorona que sigue sufriendo la fuga del hombre que se iba a casar con ella y Robert DeNiro como el prófugo al que Finn presta su ayuda. Es en esa parte romántica donde más miedo tenía que se fuera la mano con el almíbar y que se confundiera una vez más el espíritu dickensiano con la sensiblería (que no es así, como muchos creen), pero afortunadamente no es así.


Uno se cree esa historia de amor interminente entre los personajes de Hawke y Paltrow, él fascinado por ella desde que la conoció, convertida en el motor de su vida. Ella algo desdeñosa y juguetona, con miedo a enamorarse aunque presuma de su insensibilidad, con una gran ternura bajo la capa de gelidez, a veces cercana y a veces muy lejana, con segundos de diferencia. Esa es la Estella bella, enigmática y contradictoria que tanto me gustó en el libro de Dickens y que Paltrow refleja muy bien.


Y si tengo que quedarme con un momento de la película, me quedo con el reencuentro en una fuente de Nueva York entre Finn y Estella, cuando ella llega de repente y reproduce ya de adultos el primer beso que se habían dado siendo niños. Si el primer beso tenía esa pureza del sentimiento infantil, en esta ocasión hay una mayor carga lasciva, con la lengua de ella rozando los labios de él a través del chorro. Algo que prevé lo que está por venir, las emociones renacidas tras años de ausencia.


Así pues, nos hallamos antes dos películas que versionan clásicos de la literatura fuera de su tiempo natural y que se dejan ver con agrado.