martes, 18 de septiembre de 2012

Atardecer



Aunque la mayoría de la gente habla siempre del poder evocador de los amaneceres, un servidor se declara más fan de los atardeceres, esos momentos en los que el tiempo parece detenerse mientras el Sol cae para ocultarse de nuestra vista, pintando el cielo con tonos amarillentos, anaranjados, violáceos y rojizos en escasos minutos.

Uno de los atardeceres más bonitos que recuerdo es el que presencié en Florencia hace poco más de dos años. Durante unos minutos, el Ponte Vecchio de la ciudad se llenó de gente que trataba de inmortalizar el maravilloso crepúsculo (una bella palabra que hoy todo el mundo identifica con esa saga de películas para teenagers) del que fuimos testigos.

Es difícil retratar lo que nos está haciendo sentir una determinada imagen, al menos eso es lo que yo creo. La fotografía transmite sensaciones y te puede hacer una idea de lo que es contemplar determinadas cosas, pero en ocasiones como ésta la sensación que tienes viendo el momento en directo es muy complicada de reproducir.

Veo las fotos y me parecen muy hermosas, pero no llegan a transmitirme todo lo que ese atardecer me hizo sentir. Las mejores fotos de todo aquello las llevo dentro de mí, como tantas veces nos pasa. Recuerdo las aguas del río tiñéndose con los colores del cielo, que también salpicaban las ventanas de las casas colindantes. La inmensa belleza de todo aquel momento suspendido en el tiempo, una de esas bellezas que de tan bellas te emocionan profundamente. Uno de esos momentos en los que te sientes feliz por estar vivo, por poder ver instantes tan preciosos como ése.

Y es que los atardeceres, aparte de deleitarme con su belleza, siempre me traen a la cabeza una serie de sensaciones, una serie de emociones muy intensas. Me acuerdo siempre de alguien, que por lejos que esté en esos momentos se hace muy presente dentro de mí.

Una evocación tan vívida que parece que esa persona esté a mi lado en ese instante, compartiendo ese momento tan bonito conmigo, los dos sin decir nada, simplemente disfrutando de la imagen. Uno de esos momentos que te hacen creer en todo lo bello que tiene la vida

6 comentarios:

  1. Precioso texto. sobre todo el final.
    Decirte que a mi también me gustan mucho mas los atardeceres que los amaneceres. Que el mejor que he vivido fue en Ibiza y pero que en la zona que trabajo hay muchas veces postales preciosas también que como tu dices intentas capturar con una cámara pero te frustras al ver que no se refleja ni la mitad de belleza en esa imagen.

    Un abrazo fuerte.

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    1. Esa es la pena, que captar atardeceres tal y como los percibimos es misión casi imposible y lo mismo pasa con otras imágenes estimulantes. Es curioso, supongo que es como querer medir los sentimientos de forma exacta, algo quimérico

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  2. Yo también soy de atardeceres, más que nada porque cuando amanece suelo estar durmiendo.

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    1. Algo de eso tengo yo, jeje. A mí los amaneceres no me gustan nada, me recuerdan que debería estar durmiendo a esa hora, mientras que los atardeceres son esa puerta entre el día y la noche, entre la luz y la oscuridad. Tienen ese misticismo

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  3. Pues yo siempre creí que a la gente le gustan más los atardeceres, que los amaneceres. A mi me gustan los dos, por que elegir?. Me gustan los atardeceres en la playa, mucho, muchísimo, el último solos entre las dunas de una calita en Pontevedra, buff son impresionantes. Pero me encanta ir a trabajar y ver el amanecer de camino ¡es el premio del madrugador, y ya ves la mañana de otra manera!!!. Y ya lo más de lo más, es ver el atardecer a los pies de un lago, dormirte viendo las estrellas y despertarte con el amanecer!! subidón, subidónnn!!

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    1. Lo del lago pinta bien, que suelen ser preciosos los atardeceres cuando se reflejan en la superficie del agua o en el mar, cuando se esconde el Sol como si se hundiera en las mareas. Muy evocadores

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