martes, 14 de agosto de 2012

El cámara




Porno. Eso era lo que hacía después de varios años de estudios de Comunicación Audiovisual y un Master en Realización Cinematográfica. Él, que soñaba con convertirse en un reputado director de cine desde pequeño, cuando grababa cortos caseros con la cámara de su padre. Para eso se había quedado, de operador de cámara en películas pornográficas.

Fue el primer trabajo que le salió después de mandar su curriculum a varios sitios. Pensó que podría ser admitido en alguna televisión, para ir haciendo contactos y preparar su salto estelar al cine. Una productora le reclutó para que hiciera de operador de cámara en eventos públicos para los que eran contratados y en anuncios industriales, antes de que la productora cambiara de dueños y fuera adquirida por una empresa dedicada al porno.

No era lo que se esperaba, pero en un primer momento le resultó excitante poder meterse en ese mundo. Ese universo de placer lleno de chicas de buen ver y que tanta satisfacción le había dado a solas. No estaría mal grabar esas escenas, tenía algo de fantasía, el poder ver una película grabada por él mismo.

Lo que con el tiempo aprendió fue que grabar porno es una de las cosas menos excitantes que hay, a menos que seas uno de los que salen en pantalla. Tenía que situarse a escasos centímetros de donde se desarrollaba la acción, algo que en ocasiones resultaba engorroso, pues el entusiasmo de algunas cópulas no le tenía en cuenta y se topaba con el culo del actor o recibía algún golpe por un cambio repentino de postura. Y sabía de otros a los que les habían pasado cosas peores.

Todo se hacía de una manera tan mecánica que la excitación inicial se había tornado en desidia y aburrimiento. Tenía a su alrededor en los rodajes a muchas chicas preciosas y ni las prestaba atención, para él eso era ya algo tan mecánico como una cadena de montaje.

En esas estaba cuando un día le tocó rodar una escena lésbica. Ya había hecho algunas y le habían producido el mismo tedio que el resto. Era la primera vez que trabajaba con una directora al mando, algo poco común. La directora le había comentado que a ella le gustaba hacer películas que excitaran a las mujeres, porque defendía que las mujeres también consumen porno y que se sienten defraudadas por el tratamiento que suele dar.

Para ello le gustaba utilizar a actrices con apariencia natural y mezclar escenas de hombre y mujer con escenas entre dos chicas, que decía que era una de las fantasías más recurrentes en el sexo femenino. Allí se presentaron dos muchachas de formas generosas, atractivas y con más curvas que lo que era normal en aquel mundillo. La directora les dio las últimas indicaciones y la escena comenzó.

Durante los siguientes 40 minutos, él estuvo siguiendo las evoluciones de las dos chicas, que se tomaron su tiempo para desvestirse mientras se besaban y tocaban. Las órdenes de la directora era grabar la escena sin cortes, para dar mayor sensación de realismo, algo a lo que él no estaba acostumbrado. Estaba siendo cansado aunque tenía un aire interesante aquella atmósfera silenciosa, en la que sólo se oían las evoluciones lentas pero seguras de las chicas.

Fue a los 40 minutos cuando ocurrió algo que a él le llamó mucho la atención. Una de las chicas acababa de llegar al orgasmo y acto seguido atrajo hacia sí a su compañera para abrazarse fuertemente a ella, escondiendo su cabeza en el pelo de la otra. De pronto empezaron a oírse unos sollozos, que provenían de la chica que acababa de llegar al clímax. Su rostro se hizo visible de nuevo y él vio como le caían lágrimas de los ojos. La compañera le hacía caricias tratando de consolarla y ella trató de controlar su llanto quitándose las lágrimas, pero fue en vano. Enseguida todo su cuerpo empezó a tambalearse y las lágrimas brotaron con más fuerza.

Nadie detrás de las cámaras dijo nada y él grababa la acción sin perder un detalle mientras el corazón le latía con fuerza. Después de unos minutos, la actriz logró controlar su disgusto y se quedó tumbada abrazada a su compañera, que también había derramado unas lágrimas por efecto contagio. La directora mandó cortar la escena y enseguida fue a abrazarse con sus dos actrices.

La chica explicó que esa mañana había discutido con su novio por dedicarse a este tipo de escenas y que precisamente lo hacía con otras mujeres para no tener que liarse con otros hombres. Por todo ello, la tensión acumulada había saltado con el orgasmo. La directora le dijo que estaba muy contenta con el resultado, que ese era el realismo que buscaba.

Sin embargo él se quedó tocado y fue su último rodaje pornográfico, dejó el negocio y empezó a trabajar en una tele local. Durante mucho tiempo no pudo olvidar esas lágrimas y esa ternura inmediata entre dos chicas que ni se conocían entre ellas, le habían emocionado profundamente. Dedicó sus ratos libres a crear una historia que pudiera rodar como director, contando todas sus impresiones sobre aquello que había vivido, que le permitiera entender lo que había sentido.


8 comentarios:

  1. ¿Sabes? Yo creo que el porno está infravalorado. Es cierto que lo que se hace no es bueno, pero podría hacerse porno de calidad... en cuanto a los actores, ya saben a lo que van. Pero precisamente el otro día hablaba con una amiga que ahora mismo todo el mundo se termina vendiendo, de una manera u otra. Preferiría vender mi cuerpo como una prostituta o una actriz porno que no mis ideas, como hacen la mayoría de periodistas...

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    1. Ay, y que lo digas, no veas la de veces que hay que claudicar para atender a las necesidades de la empresa. Aunque creo que es algo que pasa con la gran mayoría de trabajos, que hay muchos sapos que tragar para poder seguir recibiendo el salario que te dan. Yo también creo que todo el mundo se vende de una manera u otra, aunque a veces es inevitable.

      Y sobre el porno pues hay de todo, como en el cine convencional, cosas bien hechas y cosas menos buenas, para todos los gustos. Y es curiosa la reacción cuando alguien dice consumir porno, si es una chica quien lo dice suena sexy y si es un chico suena a salidillo, que cosas

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  2. Sí siempre lo pienso, el que se dedique al porno igual que el que se dedica a hacer chocolate o queso acaba aborreciendo aquello a lo que se dedica. Pero al parecer los actores no lo aborrecen supongo que porque rodar porno no es igual que acostarte con tu pareja. Ahora ser el cámara debe ser de un tedioso impresionante. Lo de la recurrencia de la fantasía...no sé si es una fantasía o resulta excitante de por sí sin llegar a ser fantasía (desde mi punto de vista claro)sí se de alguna que también admite que "le pone" pero no creas que lo dicen mucho...voy a ver si consigo sonsacar por ahí.

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    1. Hay actores y actrices que dicen que no tienen buen feeling con todos los/las que les tocan y aún así tienen que hacer la escena lo mejor que puedan, gajes del oficio.

      Y las fantasías muchas veces no dejan de ser eso, cosas que se imaginan y que atraen pero que mucha gente prefiere que sigan siendo fantasías, aunque ahí están

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  3. Me ha encantado la historia!! Muy bonita.

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  4. Muchas gracias, me alegro de que te haya gustado

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  5. Que real parece esta historia!!En el porno pues pasa como en todo. Cuando haces lo mismo día tras día, sin nuevos estímulos o motivaciones acaba aburriendo, por mucho que haya tías o tíos buenorros/as!! Lo de llorar después del orgasmo creo que es más común de lo que parece...A veces te vacías del todo!!! Reitero lo dicho por C, podría hacerse porno de calidad!!. Enhorabuena hermoso, me ha gustado mucho!!! Bicos

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    1. Lo de llorar en los orgasmos es una imagen que me llama mucho la atención, por toda la mezcla de sentimientos que pueden llevar a esa situación, es algo que me fascina y me inquieta

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