viernes, 29 de noviembre de 2013

Adiós, abuelo

Hace unas pocas semanas falleció mi abuelo, un acontecimiento que me causó tristeza y que me ha hecho pensar muchas cosas sobre la vida, algo normal cuando perdemos a un ser querido. Los que me conocen saben que no soy alguien muy familiar, de los que pasan mucho tiempo con padres, hermanos, primos o abuelos y mis relaciones familiares son un poco curiosas, con gente a la que veo solamente por Navidades y otros a los que veo aún con más diferencia temporal. Pero durante años vi a mi abuelo con bastante frecuencia, primero en mi infancia, cuando iba a la casa del pueblo y después cuando el abuelo enviudó y se fue a vivir con mis padres.
 
Recuerdo aquella casa en el pueblo, con vistas a un frondoso monte, en la que hacía un frío que pelaba en invierno y los cristales se empañaban con la humedad. Recuerdo al hijo de los vecinos, que tenía retraso mental y me daba mucho miedo (de pequeño para mí las personas con síndrome de Down me parecían monstruos, por su rostro contraído y su manera caótica de moverse y expresarse), recuerdo el olor a leña quemada de los inviernos y los otoños en los que subía al monte a coger castañas, escondidas en esos erizos de color verde que tanto me costaba abrir. Y también recuerdo a mi abuelo bebiendo el vino en porrón, escuchando música antigua en la radio, tocando pasodobles en uno de estos teclados Casio y a mi abuela regañándole cuando decidía echarse la siesta tirado en el suelo de alguna habitación, que se tumbaba boca arriba y parecía un muerto.
 
 
 
Todas esas cosas que hacía me llamaban la atención, por no verlas en mi casa, algo que empecé a ver día tras día cuando el abuelo se mudó tras la muerte de mi abuela, dada su poca habilidad para hacer las labores de casa por si mismo. Mi abuelo siempre tuvo un carácter seco y algo gruñón y siempre gustó de hacer las cosas a su manera, sin importunar a nadie y que por eso mismo no gustaba de ser molestado. Su actitud era la de un hombre de escasas ambiciones, que escuchaba su música, tocaba la pianola, leía el periódico y veía la televisión insultando a los que no le gustaban y comentando si era guapa ésta o aquella presentadora.
 
 
 
Yo apenas hablé con él en todos esos años, pero sentí siempre una silenciosa empatía, identificándome con algunas de sus actitudes. Por mi madre me enteré de que había tenido que trabajar duro desde muy joven para ayudar a la economía familiar, que se escondía en el pajar cuando iban a su casa visitas inesperadas o cuando quería estar solo, que hacía viajes de varios kilómetros bajo cualquier circunstancia para aprender a tocar el piano en el Conservatorio y que se sacó unas oposiciones a Correos en una época en la que en España estudiaban cuatro personas. Yo veía a ese hombre en batín, tan callado, dormido la mitad del día y me costaba creer lo que había hecho. Porque mi abuelo era de esas personas que parecen menos de lo que son, de las que la gente se hace una idea equivocada y que guardan muchas sorpresas en su interior. Cuando comprendí ésto es cuando empecé a sentirme cercano a él, porque eso mismo me ha pasado a mí en varias ocasiones, de ser tomado por los demás de una forma no del todo cierta.
 
 
 
Ambos nos tratamos poco, pero él supo reconocer a alguien cercano en mí y por mi madre supe que preguntaba sobre lo que hacía yo cuando ya me había marchado de casa a estudiar y trabajar fuera. Y a través de él descubrí muchos aspectos de la España cañí que desconocía. Fue través suyo como descubrí los monólogos de Gila y las películas de Paco Martínez Soria, que le encantaban y las veía siempre cuando las daban por la televisión. En música fue por él que oí por primera vez a gente como Antonio Molina, Manolo Caracol, Rafael Farina, Joselito, Juanito Valderrama o Manolo Escobar, de quienes tenía varias casettes y las oía de vez en cuando. Por eso quiero incluir una canción que le vi escuchando varias veces y que me llamó la atención cuando la vi en la película "Un Franco, 14 pesetas". Canciones como ésta me hacen comprender la melancolía que tenía mi abuelo debajo de esa capa de aparente dureza. Como hombre de la antigua escuela, no era dado a expresar sus sentimientos, pero el caso es que años después de enviudar conoció a otra mujer mayor en uno de esos bailes de la Tercera Edad y con ella salió durante unos años, hasta poco antes de morir. Y me da que aprovechó eso de parecer más inútil de lo que era para no tener que vivir solo porque no quería morir solo. Aunque su estado natural le llevaba a querer aislarse, en el fondo necesitaba estar cerca de la gente que apreciaba, una contradicción que comprendo perfectamente por haberla sentido tantas veces.
 
 
 
Un hombre que ha vivido hasta los 91 años manetiendo buena salud hasta sus últimos meses, cuando el corazón empezó a fallar y con la cabeza en buen estado, algo que deseamos todos cuando lleguemos a esas edades. Un hombre del que no me pude despedir y por eso aprovecho el blog para hacerlo, porque este nieto nunca le olvidará, máxime cuando los genes han influido a la hora de tener algunos parecidos.

Adiós abuelo, descansa en paz.

10 comentarios:

  1. La soledad buscada es algo estupendo, estar a tu aire te da una gran sensación de libertad, tranquilidad e independencia, pero a nadie le gusta sentirse solo, siempre es bueno saber que hay gente con la que cuentas, aunque no necesites verles cada día.

    Lamento la muerte de tu abuelo, por desgracia yo también tengo que escribir una entrada así hoy.

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    1. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices. Estar en conexión con alguien que te importa y a quien le importas, aunque no le veas a diario es algo que da mucho sentido a nuestra existencia.

      Gracias por tus palabras y mucho ánimo, que este tipo de situaciones no son fáciles

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  2. ¡Hola!

    Siento mucho lo de tu abuelo. Entiendo bien lo que sientes, porque es lo mismo que sentí yo cuando perdi a mis abuelos.

    Te mando un abrazo grande!

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    1. No es algo que me cogiera de sorpresa porque en los últimos meses su salud había empeorado y a esas edades no suele haber marcha atrás en determinadas circunstancias, pero son pérdidas que se sienten. Ha sido el último de mis abuelos y quizás al que más aprecio tenía por la cercanía de caracteres que comento.

      Gracias, otro abrazo para ti también

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  3. Ha sido una suerte para ti haberlo podido disfrutar tanto tiempo. Y aunque uno no sea muy familiar está claro que esos acontecimientos siempre hacen reflexionar y padecer...

    Lo siento.

    Muchos besos

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    1. A mí me ha hecho pensar mucho por su actitud en apariencia pasiva y sin embargo contraria a dejar pasar el tiempo esperando el final, que es algo que siento en mí también, se nota el peso de los genes. Espero llegar a tener una vida de la que pueda sentirme orgulloso, por no haber dejado que las oportunidades se escaparan.

      Muchos besos

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    1. Se agradece, me alegro de que te haya gustado. El único arrepentimiento es no haberle dicho estas cosas en persona, pero bueno, son cosas que pasan

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  5. Llego tarde, pero no quiero dejar de expresarte mi pésame.
    Siento que tu abuelo ya no este y que no pudieras despedirte.
    Pero le has hecho un homenaje precioso.
    Besos

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    1. Como dice el refrán "nunca es tarde si la dicha es buena", así que llegas a tiempo, muchas gracias.

      La no despedida de mi abuelo tiene cierta coherencia con esa comunicación silenciosa que siempre tuve con él y me ha hecho pensar en su vida y su forma de ser y replantearme algunas cosas, sobre cómo a veces perdemos tiempo y fuerzas en cosas que no lo merecen

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