jueves, 13 de junio de 2013

Sabores diversos

Hay sabores que nos marcan y de sabores que nos conquistan con el tiempo. Así como hay libros, películas o actitudes vitales que no nos gustan o no entendemos en un determinado momento y que tiempo después vemos con otros ojos, también hay productos culinarios que nos acaban gustando tras un primer rechazo.

Cuando eres pequeño te gustan los sabores suaves y agradables y todo lo que se salga de ese molde es difícil de tragar. La pasta en todas sus modalidades se convierte en un caballo ganador ya sea en forma de espaguetis, macarrones, lasaña, pizza y un largo etcétera. Por contra, la fruta, la verdura o el pescado es lo que menos atrae, aunque siempre están las madres para hacernos comer esos productos a la fuerza, bajo pena de recibir algún que otro guantazo.


Yo he sido de esos niños que sólo comían con gusto la pasta (el resto porque no había otro remedio), en mi casa la dieta siempre ha sido algo espartana y poco dada a las exquisiteces que he podido comer en otras. En mi caso no oirán decir el tópico de que nadie cocina mejor que mi madre. No obstante, también agradezco que me introdujera en los entresijos de la comida sana, que también le hace falta al organismo.


Con todo ello, hay comidas y sabores que he sabido ir apreciando con el paso de los años después de que no me gustaran lo más mínimo en su día. Casos como el de los espárragos, los champiñones o los mejillones, que de pequeño me daban arcadas. Casos como el del gazpacho, que siempre me supo a rayos y que ahora me sabe mejor (siempre que esté bien hecho, que a muchos les sale muy ácido o muy salado). Casos como el del pimiento verde, que crudo siempre me pareció muy poco tragable y que ahora uso siempre como guarnición de las carnes tras asarlo en la sartén. Casos como el de la cerveza, que hasta que no probé las de Inglaterra, Bélgica o Alemania me disgustaba mucho (lo que prueba que aquí lo de hacer cerveza no se domina mucho). Casos como el del bonito, las sardinas, el salmón o la trucha, que son de los pocos pescados que me gustan. Y así varios casos más.


Sin embargo, aunque soy bastante omnívoro, tengo todavía sabores que siguen sin agradarme, como el del vino, demasiado amargo para mí. Tampoco verduras como la berenjena, la remolacha o los canónigos (donde esté una buena lechuga que se quiten esos ridículos brotes). Una gran mayoría de pescados (siempre he sido más de carne) siguen sin agradarme y tampoco me gustan los yogures azucarados, los prefiero con sabor ácido. Me acostumbré de pequeño a comerlos así y ya no me gustan de otra manera (el yogur griego es mi favorito).


Quiero acabar esta entrada de tintes gastronómicos con uno de esos sabores que descubrí en mis viajes al extranjero. Hablaba hace semanas de aquel verano que pasé en Inglaterra, pues bien, allí descubrí las "after eight" (pastillas de chocolate con menta), que se usaban mucho para acompañar el té. A mí siempre me ha gustado más el chocolate a la taza que en tableta, pero estas pastillas de chocolate mentolado me agradaron desde el primer momento. Cada vez que las veo en un supermercado me las llevo y tengo que ponerme freno, porque me pongo a comer una tras otra, que casi me acabo las cajas de una tacada. Me encanta ese sabor dulce y refrescante que tienen.


 

10 comentarios:

  1. Y menos mal que nuestros gustos evolucionan sino, nuestras papilas gustativas se aburrirían de lo lindo. Yo como tu, había muchas cosas que no me gustaban, sobre todo era reacia a probar cosas nuevas, en mi casa siempre se llevó la comida tradicional y al modo de siempre...y como soy Gallega pues eso eran grasas y más grasas. Cuando estuve en Londres lo pasé fatal, con tanta comida de todas partes, y mientras otros probaban la comida para llevar de otras partes del mundo, yo en esos casos pillaba o patatas o pizza...Mis amigas decían que podían hacer mi compra perfecta, por que siempre compraba lo mismo. Fue cuando me fui a Barcelona, cuando empecé a probar otros sabores y a experimentar...Lo que sigo sin pillar son las especias fuertes rollo; Curry, comino, guindilla...Y por mucho que lo intentaron y lo siguen intentando, sigue sin gustarme la tortilla con cebolla!!!! Eaaaa...

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    1. Con curry, comino y guindilla voy poco a poco porque son sabores más fuertecillos y si te descuidas acabas echando fuego por la boca cual dragón. En la India o México deben tener el estómago a prueba de bombas, que les gusta meter especias y picantes a saco. En Londres es bueno que haya de todo porque la comida nacional es sumamente mejorable.

      La tortilla con cebolla es el horror para muchos, pero a mí me encanta, lo confieso

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  2. Yo conservo mi paladar infantil. hace tiempo leí que a los niños les desagrada el sabor amargo por una cuestión de supervivencia, porque resulta que la mayoría de los venenos y toxinas tienen un sabor amargo, así que de ese modo la madre naturaleza impide que los niños se envenenen de pequeños.

    Nunca me han gustado las cosas amargas, como el café, el vino o la cerveza, ni las muy ácidas o picantes.
    Cosas que me hayan empezado a gustar con los años no recuerdo, porque no soy de dar segundas oportunidades, pero al revés sí me ha pasado. Por ejemplo, recuerdo que de pequeña me gustaban mucho las empanadillas y ahora no (de algún empacho que me di, seguro).

    Respecto a la pasta... cuando era pequeña mi madre no tenía casi tiempo para hacer la comida, así que cuando hacía macarrones no les echaba nada especial, o sea, los cocía y ya está, luego les poníamos tomate frito y ale, así que nunca entendí por qué a todos mis compañeros les gustaban tanto. Tiempo después los probé con carne picada, atún, y bueno, más cosas y más elaborados y lo entendí, pero vamos, mi comida favorita siempre será la tortilla de patatas.

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    1. Yo con el café no puedo, no me gusta nada su sabor, aparte de que tampoco me tira la parte dopante que tiene. Fui mucho de macarrones con tomate, era también lo único que le ponían a la pasta y así lo comí durante años ya por mi cuenta. Ahora me gusta echarle champiñones, albahaca y queso azul y me saben a gloria los espaguetis, los macarrones y los farfalli. Lo de la carne picada también está bien.

      Con empanadilla me empaché una vez, que puso una mi madre que la masa era un engrudo duro de tragar y aquello necesitó de mucho esfuerzo para ser digerido. Desde entonces tampoco me hacen mucha gracia. Y una tortilla bien hecha es una delicatessen en toda regla, cuando queda así esponjosa y suave, sin cargar.

      No sabía eso de los sabores amargos y la supervivencia en los primeros años, curioso

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  3. ¡La berenjena, la remolacha y los canónigos son exquisitos! La primera seguro que no la has probado con jamón york y queso y rebozada, ¿verdad? Pocas cosas hay más ricas para mí.

    Las After Eight son uno de mis sabores de infancia. No sé dónde las descubrió mi padre, pero cuando era pequeña me daba de vez en cuando. Y menos mal que me las daba él, que si me hubiera dejado... ;)

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    1. La berenjena la tengo en la lista de futuribles, la receta que dices pinta bien. Los canónigos de momento casi que mejor no y la remolacha dicen que es muy dulce, no sé si me tiraría mucho eso en una verdura.

      Yo más de una vez comí más de una caja de After Eight de la misma sentada cuando iba a la despensa del hotel en el que estaba, son muy adictivas esas pastillas de chocolate y entran como si nada. La verdad es que es un producto bastante anglófono, de lo poco bueno que pueden exportar de aquella gastronomía

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  4. Me gusta mucho la entrada, es un tema del que no se habla mucho en blogs como los nuestros. Mira, yo cuando era pequeña también comía mucho peor que ahora... pero más que nada porque "comía con la vista", como decía mi madre. Si algo tenía mala pinta (según mi propio criterio) no lo probaba. Por no probar no probé ni el jamón serrano durante muchos años. Cuando me fui haciendo mayor comprobé que lo que me decían mis padres una y otra vez era verdad: me había estado perdiendo un montón de sabores exquisitos por no querer probar de nada. En cambio, mi hermana, tanto de pequeña como ahora (adolescente), es increíblemente especial para las comidas. No le gustan cosas totalmente normales: huevo frito, paella, canelones, etc. Es un mundo muy complicado el gastronómico, la verdad. A mi ahora hay pocas cosas que no me gusten. Una de ellas, el vino... jaja

    Besos!!

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    1. El jamón y los embutidos en general son todo un manjar, una verdadera maravilla. Esos si que me gustaron desde que era pequeño, desde que mi abuelo empezó a comprarme jamón y hubiera días que no quisiera comer lo que tenía en casa porque ya me había llenado de jamón (y las broncas que me llevé, pero el gustazo del jamón no me lo quitaba nadie).

      De pequeños los sabores más fuertes no nos acaban de tirar, creo que nos llaman la atención los sabores más suaves y dulces y el aspecto más llamativo y es más tarde cuando vamos desarrollando el paladar, cuando ya comemos menos con "la vista".

      Besos para ti también

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  5. Yo tampoco he cambiado demasiado mis gustos, aunque sí he descubierto nuevos sabores. Las verduras y el queso siempre me han encantado. La pasta nunca me ha gustado y la comía por obligación, como tú dices, casi siempre con tomate, mi madre tampoco era una cocinera experta salvo cuatro platos para los que tenía un talento especial. Sigue sin gustarme, aunque ahora cuando la tomo es en ensalada y así me entra mejor, porque el tomate no me hace mucha gracia.
    El café no me gustaba, pero me adapté a tomarlo frío por su efecto "dopante". Además, el hecho de no estar acostumbrada hace que me haga bastante efecto. De la cerveza me da asco incluso el olor, y eso que he probado en varias ocasiones y de sitios diferentes, no me gusta en absoluto. Los after eights esos los he probado, pero tampoco me gustan porque no me gusta la menta.

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    1. El queso es otra de las cosas de las que siempre he sido fan. Creo que me gusta la mayoría, por no decir la totalidad, de quesos que existen, desde los más suaves a los más fuertes, esos que te hacen sudar cuando te los comes.

      La cerveza la tomo muy de vez en cuando, para beber en casa no pillo, solo cuando salgo a algún bar y me gusta tomarla con limón, que la de aquí no me gusta mucho. Me gustan también esos pubs irlandeses donde ponen una Guinness negra que es estupenda.

      Del café siempre he querido alejarme además de por el sabor porque no quiero acabar teniendo que necesitar una dosis de cafeína para ser persona. Con el nervio interior que tengo de por sí, cuantos menos excitantes me meta, mejor

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