lunes, 18 de febrero de 2013

Un verano en Inglaterra

El otro día hablaba sobre "Las ventajas de ser un marginado" y sobre las cosas de mi propia vida que me hizo revivir y una de las cosas en las que he estado pensando en estos días es sobre el verano que pasé en Inglaterra cuando tenía 22 años. Un verano que me hizo crecer en varios aspectos y que quiero rememorar aquí.

En el verano de 2004 yo tenía 22 años y decidí ir a Inglaterra a trabajar y a aprender inglés y a vivir la experiencia de hacerme valer por mí mismo en otro país. Ya llevaba unos años fuera de casa en la universidad, pero allí volvía casi todos los fines de semana por la cercanía, aún no me había bregado en lo de estar solo y lejos de los míos durante semanas. El proyecto nació unos meses antes cuando compañeros de la época del colegio comentaron que querían probar la experiencia y a mí se me metió el gusanillo y así lo hice. Me apunté a una academia de esas que te buscan trabajo en el país al que quieres ir y vas allí con todo en regla.



Allí me iba a tocar trabajar en la hostelería y el destino asignado fue un hotel rural situado en pleno condado de Nottinghamshire, a unos 15 kilómetros de Nottingham, en una zona llena de bosques como los que ambientaron las andanzas de Robin Hood. La primera noche la pasé en el propio hotel, bastante cuco, situado junto a un río y rodeado de árboles, un lugar ideal para desconectar del mundanal ruido.



Ya al día siguiente me llevaron a la que iba a ser mi casa y como era fin de semana, aún me quedaban un par de días para empezar a trabajar, por lo que me dediqué a conocer la zona. Así fui testigo de que en ese país los negocios cierran sus puertas entre las 5 y las 6 de la tarde y a las 7 de la tarde, aún siendo de día y pleno mes de julio, apenas se ve ya gente por la calle. Vi que Nottingham es una ciudad que salvo por el castillo que hospedara al sheriff al que hacía la pascua Robin Hood es un lugar gris y de poco interés (aunque veo fotos actuales y parece que la han debido remodelar en los últimos años, porque hay parajes que ni reconozco) y que los alrededores son un grupo de poblados con casitas donde apenas pasan los coches. Lugares donde se puede ver crecer la hierba.



Y es que me aburrí bastante por allí. Mi trabajo diario consistía en secar y dar brillo a la cubertería que salía del lavadero durante horas, todo ello sin salir de las cocinas. Mi inglés me daba para entender el intríngulis de las conversaciones pero no para expresarme con claridad y entre eso y mi natural timidez, más de uno y más de dos se pensaron que debía ser un poco tonto y por eso me tocó la labor menos agradecida. La única novedad tenía lugar los sábados o domingos en los que había bodas en el hotel y donde me tocaba ayudar a montar un montón de mesas en los salones.

En esas ocasiones contrataban por horas a chavales de la zona para reforzar la plantilla y ahí tuve una experiencia curiosa. Preparando una de esas bodas, una de las chicas contratadas me tocó el trasero y al principo pensé que había sido una broma o un tropiezo, pero la ví que reía con otras compañeras y repitió la operación dos o tres veces más, cada vez que se acercaba a mí. Cuando estuvo todo montado y podíamos descansar me acerqué a comentarle el tema y ella me dio un beso y me llevó a los baños, donde me lié con ella en uno de los privados. Fue todo muy absurdo porque apenas cambiamos palabra y cuando salimos de allí no volvió a dirigirme la palabra el resto de la tarde y nunca más volví a verla. Aún sigo pensando en esa situación y nunca sabré si le gustó o le parecí un pobre imbécil. Ni siquiera sé su nombre o no recuerdo si me lo llegó a decir. Cosas que pasan.



Por otro lado, mi relación con los demás compañeros no fue demasiado buena. Yo tengo la capacidad de caer muy bien o muy mal desde el primer momento, según como entre en el grupo. Si noto buena acogida me suelto y doy rienda suelta a la simpatía, pero si noto extrañeza o una cierta reserva por parte de los demás, me pongo a la defensiva y puedo parecer muy huraño, en este caso sucedió lo último. Los que allí estaban eran chavales ingleses más o menos de mi edad, que tenían más responsabilidades que yo y algunos fardaban mucho con el tema, dándose unos aires como si fueran lores y tratándonos a gente como yo como sus esclavos, aprovechando que eran los supervisores.

Así supe que uno de ellos iba hablando mal de mí, diciendo que me llevaba cubiertos y comida a casa y que cuando no estaba delante era el "fucking spanish". Un auténtico hijo de perra que un día lo soltó en público y dí parte al director, que le soltó una buena bronca y me pidió disculpas, incluso el cabroncete vino a disculparse aunque apenas podía disimular como le jodía hacerlo. Creo que por eso me da un poco de tirria el actor Benedict Cumberbatch, se parece mucho a ese tipo. Ahí descubrí que la famosa doble moral americana viene de las islas británicas, que sueltan los "sorry" cada vez que te rozan y se disculpan mucho, pero de la misma te están clavando el puñal. Pero bueno, no hay más que leer a Jane Austen y Charles Dickens para ver que Inglaterra puede cultivar buenos ejemplares de hijos de perra con piel de cordero. Como en todo el mundo, por otra parte.



El caso es que allí era un bicho raro que no caía bien a casi nadie, ni siquiera a la española que estaba conmigo, también estudiante universitaria. Con ella empecé bien, comentándonos las cosas que pasaban, pero viendo como mi imagen el hotel se deterioraba, hizo eso tan animal de apartar de la manada al ser enfermizo y fue dejando de hablarme sin motivo aparente, no quería que la relacionaran con el "fucking spanish" y la metieran en el mismo saco. Recuerdo lo mal que hablaba inglés, diciendo "I think that yes" para decír "creo que sí" (lo correcto sería "I think so") y lo cachondos que ponía a todos los chavales que trabajaban en el hotel, que la deseaban sin mucho disimulo. Me consta, por estar en la habitación de al lado suyo, que un par de ellos pasaron la noche con ella. Los dos vivíamos en la misma casa, donde también vivía uno de los cocineros del hotel, al que nunca veía y que por las noches gustaba de reunirse con sus colegas para ver la televisión a todo volumen, fumar porros y dar voces, lo que provocaba mis protestas y que también me cogiera manía. El único al que parecía caer bien era a un negrito llamado Ali y que decía ser de Zimbawe, al que tenían fregando los cacharros y con el que hablaba cuando iba a recoger una nueva remesa de cubiertos, que siempre me recibía con una sonrisa. Allí éramos los inmigrantes de los que nadie quería saber nada.

Veo que me voy extendiendo y que aún hay muchas cosas que quiero contar, así que voy a terminar aquí por hoy y prometo una segunda entrega de esta peripecia inglesa en la siguiente entrada que haga. Prometido queda.

8 comentarios:

  1. Espero que en la próxima entrega nos cuentes lo bueno porque...madre mía qué suplicio! Lo debiste pasar un poco mal. Exceptuando ese magreo en el baño...jaja, claro que debió ser rarísimo...

    A mi me mandó mi madre a Irlanda un mes con una beca...pero aquello fue cuando yo tenía 16años y me vino genial para dejar de ser tan tímida...eso sí marginada lo seguí siendo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, alguna cosa destacable si que hubo, aunque la verdad es que todo aquello me curtió por la vía mala. Todo el mundo cuenta maravillas de su paso por otros países y yo no puedo decir lo mismo, claro que estar currelando siempre afila más las cosas que si se está estudiando o algo así

      Eliminar
  2. Yo me fui a Londres el verano de los 15, pero no a trabajar. Simplemente a estar allí, mejorar mi inglés y conocer la ciudad. La verdad es que me gustó bastante la experiencia. De aquella nunca me había ido sola de casa tanto tiempo (lo máximo que me había ido era de campamento 15 días) y menos a un país extranjero. Estando allí conocí a otras tres chicas españolas, de las cuales me llevaba bien sobre todo con una, y a un grupo de Italianos. Eran todos bastante más mayores que yo y a veces hacían planes por la noche de los que no podía formar parte, pero me lo pasé bien, aún conservo alguna de esas amistades, mejoré el idioma (aunque ahora lo tengo bastante olvidadillo), aprendí a dominar el metro y conocí londres.
    PD. Me ha hecho gracia la anécdota culo XD.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buf, pues voy con 15 años con lo crudo que estaba yo por entonces y me muero. Son experiencias que te hacen madurar bastante, porque tienes que valerte por ti mismo lejos de los tuyos, en otra cultura y en otro idioma. Yo creo que una de las cosas que peor llevaba era que en pleno mes de julio no hubiera casi nadie por la calle a las 7 de la tarde, que en España no pasa ni en invierno. Aunque estuve unos días en Londres y fue más animado, ahí tuve otra anecdotilla estilo la del culo, la contaré en la próxima entrega

      Eliminar
  3. Ha sido bastante interesante, no me mola viajar, pero si tuviera que hacerlo me gustaría ir a Inglaterra, pese a que mi inglés no es muy allá (creo que me podría hacer entender, ahora, entenderles yo es otra cosa).

    La verdad es que tu experiencia es tal y como imaginaba que deben ser estos trabajos, a excepción de la chica que se aprovechó de ti (puede que le parecieses un imbécil y que le gustase, una cosa no quita a la otra ;P).

    Respecto a los compañeros yo viví una experiencia parecida cuando trabajé en Carrefour (curiosamente el mismo año, el 2004). No trataba mucho con nadie y el menda con el que compartía pasillo me tomó manía no sé por qué. Lo peor es que todos los días tenía que pedirle que me ayudase porque el podía manejar una máquina que yo no, era muy desagradable.

    Espero la continuación : )

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A mí me han quedado secuelas de aquello, que puestos a salir preferiría ir a otros países antes que a Inglaterra.

      Lo de la chica fue un caso extraño, que si ella no toma la iniciativa no lo hubiera vivido, yo soy más cortado para proponer esas cosas así de golpe.

      Y lo de las reacciones de otros que te hacen ponerte a la defensiva siempre se viven, hay gente que te cae mal sin motivo aparente o tú a ellos. Suele ser en casos donde no hay mucha apertura por las partes, a veces esas rencillas se quitan hablando, cuando dejas de pensar que el otro es un capullo o demuestras que tú no lo eres

      Eliminar
  4. Debe ser una experiencia dificil, estar solo en otro pais , donde a demas de no conocer a nadie , no se habla tu idioma, pero si encima le añades el tipo de hostilidad que cuentas... yo creo que no hubiera aguantado todo el verano.
    Bravo por ti! por ser como eres gustes o no.
    El actor en cuestión tiene una cara de cabroncete que creo que a poca gente le caerá bien.

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajaja, pobre Benedict Cumberbatch, que es un buen profesional, ahora da mucho que hablar con su Sherlock Holmes moderno en la serie "Sherlock". Yo lo descubrí en la peli "Expiación" y me dije "cómo se parece al cabrón aquel que conocí" y desde entonces los relaciono.

      No sé, supongo que no entré con buen pie y en esas situaciones puedo ponerme un poco taciturno y antisocial y hay gente que rechaza eso. Cúmulos de circunstancias que a veces se dan

      Eliminar