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domingo, 1 de mayo de 2016

El amor y el dolor


En la notable (aunque también un poco sobrevalorada) película "Her", dirigida por Spike Jonze, que habla de la relación entre el hombre y la tecnología, hay un momento que se me ha quedado guardado desde el mismo momento en que la vi por vez primera. Un momento que cuando he visto el filme dos o tres veces más me ha resultado muy doloroso de presenciar por cómo he sentido que me hablaba directamente de cosas que yo he experimentado de primera mano. La escena en cuestión consiste en una cita que el personaje interpretado por Joaquin Phoenix tiene con una chica guapa y simpática (Olivia Wilde), una cita que transcurre con afabilidad y buen rollo entre ambas partes, ya que él consigue salir de su estado de aturdimiento y se hace deseable a los ojos de ella. Pero cuando ella le propone que se acuesten juntos, le dice que espera que él sea uno de esos que salen corriendo en cuanto hayan satisfecho sus apetitos y es entonces cuando él se da cuenta de que no puede garantizarle algo así, pues en el fondo estaba buscando una diversión, no emprender una relación cuando aún no ha superado la anterior. El rostro de ella, lleno de tristeza y decepción, le sigue asaltando en sus pensamientos horas después de haber terminado la cita, atormentándole por haber herido a alguien que no se lo merecía. Como digo, todo ese momento y el recuerdo de él viendo la pena que había causado en ella, es una imagen que al mismo tiempo se me ha quedado grabada y me resulta dolorosa por un temor que tengo a provocar el mismo efecto que el personaje de Phoenix.

Creo que ya he comentado alguna vez que yo tuve un primer noviazgo que terminó de forma poco agradable y que me hizo sufrir mucho. Bien es cierto que fue a una edad en la que se siente todo con una gran intensidad y cualquier cosa parece de vida o muerte, sin los matices que nos va dando la experiencia, que nos enseña que algo de vida o muerte es básicamente la propia muerte y que el resto son vicisitudes de la vida por las que todos pasamos, mejores o peores. No obstante, me hizo coger miedo a pasar por lo mismo o hacérselo pasar a otra persona y desde entonces esa sensación ha guiado mis actos para con las mujeres que me han interesado. Es decir, tratando de hacerlas sentir bien y si la cosa no prospera que al menos pueda quedarme la tranquilidad de no haber sido un indeseable al que hubieran preferido no conocer. Esa forma de actuar me ha hecho ser un poco gélido de salida con aquellas por las que no tenía interés, para que no surgieran unas expectativas que no podía cumplir y que imagino que me habrá hecho provocar ese sentimiento de pena que tanto quería evitar, aunque con el consuelo de que mejor hacerlo al principio que cuando la cosa estuviera más avanzada y todo fuera más intenso y complicado. También he deseado a otras que me han dejado hacer mientras les venía bien tener a alguien que las hiciera sentirse deseadas y que me han cortado las alas cuando he querido ir más allá, bien tomándose la molestia de hacerlo con tacto o bien mostrando su verdadera catadura, casi abroncándome por atreverme a querer algo con ellas. Decepción y tristeza que te hacen pensar en lo bien que se está sin relaciones amorosas, sin ser víctima o verdugo de estos comportamientos que tan poco agradan. Pero entonces te acuerdas también de lo que se decía en “El nombre de la rosa” y del aburrimiento de una vida sin amor.





Y es que no puedo olvidar que ha sido gracias al amor de otras personas por el que estoy ahora aquí, escribiendo estas líneas y reflexionando sobre estos temas, porque sé que me leen y que están pendientes de mis nuevas publicaciones. Porque su fuerza me ha impulsado a hacer cosas que no estaría haciendo si supiera que no hay nadie ahí al fondo, si todo fuera un desierto de indiferencia. ¿Cómo no puede alguien desear hacer lo mejor posible por gente así, que te estimula a hacer cosas y ser un poco mejor? Aunque solo sea por sentirte bien contigo mismo, para no tener remordimientos de haber sido negativo para los otros y poder sentir que te conviertes en alguien digno de su afecto. Para construir una imagen de esas personas mirándote con alegría y ternura, sin rastro de pena o decepción, una imagen que pueda quedarse dentro de ti y aparecerse las veces que haga falta sin causar dolor o miedo.


 


viernes, 11 de julio de 2014

Mis historias con Coldplay

El pasado 19 de mayo cumplía 32 años y en una feliz casualidad también salía a a luz "Ghost stories", el nuevo disco de la banda británica Coldplay, mi grupo favorito. Un álbum de carácter más intimista que algunas de sus últimas producciones y que habla de desamores y relaciones amorosas rotas. Quién sabe si por influencia de la separación de su cantante, Chris Martin, de la actriz Gwyneth Paltrow, con la que ha estado durante una década.


Coldplay se formó a finales de los 90 y lo componen su cabeza visible, cantante y ocasional teclista, Chris Martin, el guitarra Jonny Buckland, el bajo Guy Berryman y el batería Will Champion. Sacaron su primer disco con la llegada del siglo XXI, en el año 2000 y lo llamaron "Parachutes", un disco que fue muy bien recibido y que llegó a ser premiado con un Grammy al mejor álbum de rock alternativo.



Fue por una canción de este disco por la que conocí al grupo, una canción que sonaba en un anuncio que emitían varias veces por la radio en aquella época y que usaba la canción "Trouble". Busqué información por Internet en una página que te decía qué canciones sonaban en los anuncios y me mostré interesado por saber más de ese grupo.


Aprovechando la existencia de una tienda de mi ciudad natal que alquilaba discos musicales como los videoclubs con las películas, fue a ver si tenían algo de esos Coldplay y me encontré con el "Parachutes", que alquilé y que estuve escuchando varias veces en los tres días que tuve de plazo y que me gustó tanto que lo grabé en una cinta de cassette. Los que sean más jóvenes que yo, los que hayan crecido con Spotify, Youtube y similares, esto les sonará a muy antiguo, pero son cosas que yo hacía cuando rondaba los 20 años, no hace tanto en tiempo real, aunque una barbaridad en tiempo tecnológico, siempre tan raudo en dar el siguiente paso. El caso es que me gustó mucho aquel disco, cuyo sonido tristón y evocador conectaba mucho con mi sensibilidad juvenil de entonces, algo torturada y tendente a  la melancolía y así hubo no pocos viajes desde mi ciudad natal a aquella en la que estudié en las que escuché una y otra vez las canciones del disco. Lo que no sabía era el éxito que estaba teniendo y que estaba a punto de aparecer un nuevo volumen de esos muchachos ingleses que sonaban tan tristones, "A Rush of blood to the head", que incluso me sorprendió que se anunciara en televisión. Un disco que daría lugar a algunos de los clásicos de Coldplay, como "In my place", "The sciencist" o "Clocks", cuya melodía sonaba en los anuncios del álbum.


Yo seguía en la universidad y haciendo muchos viajes de ida y vuelta en autobús, en los que ya tenía para escuchar dos discos de Coldplay, que sintonizaba en función de mi estado de ánimo. Si "Parachutes" es muy intimista y muy oportuno para los momentos de bajonazo autocomplaciente, "A rush of blood to the head" empieza a subrayar en algunas canciones el tono épico que será marca de distinción de Coldplay para muchos. El éxito del grupo fue aumentando y su público también, ampliándose de los buscadores de novedades musicales al público masivo, algo que empezó a ser mal visto por los culturetas de turno que defienden con ridícula e infantil testarudez que si algo pasa a ser masivo se convierte en algo malo. En ese ambiente llegó en 2005 "X&Y", el tercer disco de Coldplay y el techo de la banda, tanto para sus defensores como para sus críticos, que aumentaban en la misma medida.


He leído y oído muchas opiniones de que este disco es el peor de la banda y que es la cima de lo más criticable de Coldplay, de su tendencia a la balada épica diseñada para que la coreen los estadios llenos de gente. Para los críticos, Coldplay había abandonado la senda musical de Radiohead para caer en la de U2, como si eso fuera un problema, como si lo que hacen Bono y los suyos fuera música de usar y tirar, aunque ya se sabe que es el esnobismo es muy libre. En lo que si estoy de acuerdo es que "X&Y" fue el paso definitivo en la depuración del sonido Coldplay, una muestra de un sonido que había evolucionado de disco a disco y que podía ser melancólico sin ser depresivo. Este álbum es para mí el favorito de todos los que ha sacado el grupo y el que, con diferencia, he escuchado más veces de principio a final, con canciones como "Speed of sound", "Fix you" y "Talk" (diría que mi favorita del grupo). Gustara más o menos a los críticos o a los indies, el disco fue el más vendido del año 2005 y número uno en varios países. Coldplay era la banda de moda y sus conciertos, efectivamente, llenaban estadios donde los fans coreaban sus canciones.


En 2008, quizá influidos por algunas críticas que decían que podían empezar a repetirse, Chris Martin y su chicos sacaron a la luz "Viva la vida or death and all his friends", producido por Brian Eno, al que ficharon para explorar nuevas sonoridades que se acoplaran al sonido ya característico del grupo. El cuadro de "La libertad guiando al pueblo", de Delacroix, se usó para la portada de un álbum que es el que menos me ha gustado de Coldplay y una decepción tras los buenos momentos pasados con "X&Y". La canción "Viva la vida", al parecer inspirada o plagiada de otro músico (y casi que me alegro, porque la detesto profundamente), se convirtió en todo un himno y un fan de Coldplay como yo tuvo que aguantarla a diestro y siniestro con ganas de oír cualquier otra antes que eso. "Violet Hill" o "Lost!" son de las pocas canciones para mí salvables de ese disco.




Coldplay volvió a cumplir su habitual calendario de entregar un nuevo disco cada 3 años y en 2011 apareció "Mylo Xyloto", también producido por Eno y afortunadamente más conseguido, a excepción de "Every teardrop is a waterfall", otra canción bastante flojita y ampliamente coreada por la mayoría estilo "Viva la vida". Una excepción a un disco bastante aceptable, que incluía colaboraciones como la de Rihanna en la canción "Princess of China".



Y ahora, pasado otro trienio, Coldplay ha vuelto a sonar con nuevo material, el de su "Ghost stories", que es una vuelta a sus orígenes más calmados y tristones, con la excepción de uno de los primeros singles que han aparecido y que van en la línea de la balada de tintes épicos que han dado el éxito internacional, para enganchar al público menos exigente.


He escuchado el "Ghost stories" y egoístamente debo admitir que me gusta el tono más depresivo que han vuelto a asumir Chris Martin y su grupo, pues empezaba a pensar que los Coldplay que me enamoraron se empezaban a perder. La primera vez que los vi en concierto fue en 2005, poco después de que apareciera "X&Y" y disfruté como un enano y canté todas sus canciones con gran emoción. La segunda y última hasta el momento fue en 2011, cuando formaron parte del cartel de un festival de música y andaban todavía dando prevalencia al repertorio de "Viva la vida", por lo que para mí las sensaciones no fueron las mismas. Hace pocos días presentaron su nuevo álbum en el Royal Albert Hall de Londres, en un concierto en el que intercalaron algunos de sus temas nuevos con otros clásicos, un concierto que he disfrutado a pesar de no haber estado allí o de no ver vídeos del mismo, porque cuando la música es buena no hace falta nada más que escuchar y sentir, dejarse llevar.


Cada vez que afronto un viaje, al carecer de un reproductor portátil, echo de menos las escuchas de los discos de Coldplay, que tanto me hicieron pensar en cosas de lo más variado mientras los escuchaba en las largas travesías, mientras dejaba volar mi imaginación oyendo sus sones al tiempo que veía pasar los montes, las llanuras o el mar a través de los cristales del transporte de turno. No puedo evitar pensar en un viaje cada vez que oigo a estos británicos, que a pesar de algunos tropiezos son mi banda favorita, la única de la que he escuchado todas y cada una de sus canciones y sé ubicarlas en cada disco. Y que sigan produciendo buen material para los que les seguimos.


miércoles, 23 de abril de 2014

Aprendiendo cosas de la música

Estos días estoy escuchando bastante a los Rolling Stones, una banda que ya tiene más de 50 años de vida y que este año cumple 5 décadas de la salida de su primer disco. Una banda que a pesar de las circunstancias (estar en la Tercera Edad, las peleas ocasionales entre sus miembros o los problemas y las desgracias personales de cada uno de ellos) sigue saliendo cada pocos años a recorrer el mundo y a interpretar sus grandes éxitos antre un público siempre entregado, que cada vez va siendo más joven que ellos. Una extraña paradoja que siempre tienen que vivir las bandas veteranas, que renuevan su audiencia a medida que los años pasan y experimentan su retrato de Dorian Gray particular al ver que ellos envejecen mientras que los que les van a ver son siempre jóvenes. Hace 50 años ya estaban Mick Jagger, Keith Richards y Charlie Watts (los miembros originales que aún permanecen, ahora acompañados por Ronnie Wood y por aquel entonces con el ya fallecido Brian Jones y el autoexiliado Bill Wyman) seduciendo a las masas juveniles de mediados de los 60, pues ellos y los Beatles eran los grupos de referencia en aquellos tiempos.


Lo habitual en este país es que las emisoras musicales que se dignan poner música del pasado se limiten a los dos o tres clásicos típicos (por eso todas las emisoras musicales se repiten, porque hacen listas de canciones para alguien que pone la radio mientras va en el coche y quiere oír los éxitos de turno, así de simple y de triste) y dejen atrás una cantidad ingente de grandes canciones que uno debe descubrir por su cuenta. En tiempos del Spotify y Youtube eso no supone mayor problema, pero hace cosa de 10/15 años tuve que tirar de préstamos de conocidos que entendían de música para formarme en este campo, porque en mi casa siempre se escuchó música clásica o Los 40 Principales y yo conocía a Beethoven, Mozart, Bach o Mendelssohn y los éxitos del momento, pero llegué a la Universidad sin apenas saber quienes eran U2 o los Rolling Stones. Y fue gracias a un amigo del colegio (yo no tuve el clásico hermano mayor que descubre otras músicas al más pequeño porque básicamente yo era el mayor) por el que escuché algo de los Beatles y Bruce Springsteen antes de los 18 años, para no ser totalmente inepto en pop rock anterior a los 80.


Los años han pasado y he ido mejorando mis lagunas musicales, aunque aún tengo muchas cosas por descubrir. No hace tantos años que descubrí que los Rolling Stones tienen mucho más que "Satisfaction", "Start me up" o "Angie" (las típicas que suenen poner de ellos en estas emisoras de tono nostálgico) y sobre todo mucho mejores que las citadas. Siempre se ha establecido la rivalidad entre Rolling Stones y Beatles, por ser grupos que nacieron al tiempo y que conectaron mucho con el público joven, aunque cada uno con sus peculiaridades, siendo los Beatles los que daban una imagen más amable y los Stones (no los Rolling, como mucha gente abrevia incorrectamente) un poco más gamberra. Su estilo musical puede asemejarse en algunas canciones, pero lo cierto es que ambas formaciones tuvieron siempre sus referentes claros y el de los Stones fue el rythm&blues, con un tono más guitarrero que el de los Beatles. Los Beatles han ganado históricamente la batalla, favorecidos por su pronta separación (el éxito de sus miembros por separado nunca igualó al del grupo) y los Stones continúan contra viento y marea, sin sacar canciones tan memorables como en los 60 y los 70, pero habiendo dejado un legado musical estupendo y habiendo influido en muchos grupos posteriores, que empezaron a hacer música porque querían ser como los Stones.


Esta canción, uno de los primeros éxitos de los Stones, tiene una curiosa historia de la que supe hace no muchos años. "The last time" puede que no les recuerde a ninguna otra canción así oída de primeras, pero escuchen la versión instrumental que se hizo de ella.


Puede que muchos lo hayan reconocido ya, a los que no hay que decirles que suena bastante parecida a "Bitter Sweet Symphony", la canción que a finales de los 90 sacó el grupo británico The Verve y que se ha convertido en un clásico moderno. Yo la descubrí por su aparición en el tramo final de la película "Crueles intenciones", una película del año 99 y que vieron todos los que tenían más o menos mi edad en aquella época. Todas las generaciones tenemos nuestro placer culpable en la adolescencia.


Después de que “Bitter Sweet Symphony” se convirtiese en un éxito mundial, el grupo The Verve fue demandado por el manager de The Rolling Stones, Allen Klein (quien posee los derechos de las canciones anteriores a 1970 de la banda). La reclamación se basaba en que The Verve había roto el acuerdo al que se había llegado previamente para que la banda usara un pequeño sample de la versión instrumental de "The last time". La denuncia estimaba que el uso había sido mucho más relevante para la canción final que el pactado de inicio y finalmente la banda de Richard Ashcroft perdió todo derecho por la canción. No sólo no podían ganar dinero con su mayor éxito, sino que también se les quitó el control de la canción, teniendo que acreditar a Mick Jagger y Keith Richards en los créditos de la canción. De hecho, se dio la curiosa circunstancia de que "Bitter Sweet Symphony" fue nominada a un premio Grammy y los nominados fueron Jagger y Richards. Ashcroft llegó a decir con ironía que era la mejor canción que los Stones habían hecho en 20 años. A pesar de todo, Ashcroft ha seguido tocando la canción, primero con The Verve y en solitario tras la disolución del grupo, a veces colaborando con grupos como Coldplay.


Precisamente Coldplay también ha tenido sus problemillas con los plagios, pues fueron acusados por el guitarrista Joe Satriani de que le robaran una parte de una de sus canciones para crear "Viva la vida" (y casi hasta me alegro de ello, porque creo que esa canción, tan repetida a diestro y siniestro, es quizá la peor de lo que lleva de carrera Coldplay).

 
No es que quiera hablar de plagios, pues me daría para varias entradas, sino de educación musical, que produce a veces tantos desconocimientos. La chavalería de hoy día disfruta de grupos como One Direction, como en mi época se disfrutaba de las Spice Girls o los Backstreet Boys, grupos que eran apaleados por los melómanos de pro y que encandilaban a la masa adolescente. Hoy, muchos coetáneos míos apalean a los One Direction y similares por degradar la música y no dudo que merezcan algunos palos, pero olvidan sus años de fan de Geri Halliwell o Nick Carter y que cada generación adolescente tiene sus placeres culpables.
 
 
Cuando escucho esta canción pienso en esos chavales que creen que One Direction son unos genios por hacer esta canción tan marchosa, desconociendo que es una versión de uno los grandes éxitos de Blondie, aparecido a finales de los 70, cuando esos chavales no estaban ni en previsión de nacer.
 

 
Y con esto no quiero ponerme por encima de los chavales que desconocen este origen, que ya digo que yo he sido un analfabeto en muchos aspectos musicales a sus años. Recuerdo ya en los años universitarios oír los discos de Eminem y de que me gustaran mucho canciones como esta, sin saber que la procedencia del estribillo venía de otro lado.
 
 
Y es que ese estribillo tan molón procedía de la canción "Dream On" de Aerosmith, que le cedió el derecho a Eminem para usarlo, algo que tardé años en averiguar.
 
 
Nadie nace sabiendo y por eso se pueden exculpar ciertas ignorancias, yo mismo no aguantaría hoy día un duelo con un aficionado veterano a la música, que seguramente sabría más que yo de muchos más aspectos. Aunque una cosa es ser ignorante por no haber tenido otra opción y serlo por elección, algo que me parece más cuestionable por la dejadez que demuestra. Así como hay tantas películas o libros por conocer, también hay mucha música buena por ahí suelta y que merece ser descubierta. Que ya se sabe que el saber no ocupa lugar y la música ablanda a las fieras y también eleva el alma.