jueves, 31 de enero de 2013

The Pierces: Mujeres que llegaron sin hacer ruido y me cautivaron

He hablado algunas veces de lo que se encuentra uno de forma inesperada cuando navega por Internet y hoy quiero referirme a un grupo musical que descubrí de forma casual viendo vídeos musicales en YouTube. Ellas son Allison y Catherine Pierce, conocidas artísticamente como The Pierces.

En temas musicales tengo gustos bastante amplios y puedo apreciar desde la novena sinfonía de Beethoven hasta "Sopa de caracol". Entre los artistas de hoy día debo reconocer que me suelen gustar las canciones de Lady Gaga y mientras un día escuchaba su "Alejandro", descubrí un vídeo relacionado en el que dos chicas hacían una versión de la canción y quise ver cómo sonaba. El vídeo era este.



Fue una versión que me gustó bastante y quise escuchar más de estas The Pierces y me pasé un buen rato enlazando una canción detrás de otra y escuchando alguna más de una vez. Lo cierto es que me gustaba ese estilo suyo entre folk y pop, con influencias de la música de los años 70, sonando un poco como ABBA y un poco como The Mamas and the Papas. Y desde entonces soy fan de estas dos chicas, naturales de Alabama e hijas de padres hippies, que crecieron escuchando a Joni Mitchell y Simon & Garfunkel, así que con todas esas influencias tenían que acabar sonando como suenan.

Aquí dejo algunas muestras de estas muchachas, que el año pasado fueron teloneras de Coldplay en varios conciertos de su gira por Estados Unidos y que tienen una música que me cautiva. De esa que una vez que se escucha te coge en lo más hondo y te hace salir todos esos sentimientos que llevas por dentro. De esas músicas que me hacen sentir.









lunes, 28 de enero de 2013

"El lado bueno de las cosas" y "El vuelo". Dramas de diverso alcance

Hoy voy a hablar de dos películas que he tenido la oportunidad de ver este fin de semana y que han satisfecho mis expectativas, de esas que son recomendables sin ser una maravilla. Hablo de "El lado bueno de las cosas" y "El vuelo".

Tras pasar ocho meses en una institución mental por agredir al amante de su mujer, Pat (Bradley Cooper) vuelve con lo puesto a vivir en casa de sus padres (Robert De Niro y Jacki Weaver). Determinado a tener una actitud positiva y recuperar a su ex-mujer, el mundo de Pat se pone del revés cuando conoce a Tiffany (Jennifer Lawrence), una chica con ciertos problemas y no muy buena fama en el barrio. A pesar de su mutua desconfianza inicial, entre ellos pronto se desarrollará un vínculo muy especial que les ayudará a encontrar en sus vidas el lado bueno de las cosas.



"El lado bueno de las cosas" es lo nuevo del director David O. Russell, un realizador que dio que hablar en los 90 con películas como "Flirteando con el desastre" y "Tres reyes" y que acabó siendo más conocido por su mal humor en los rodajes y sus peleas con los actores, hundiéndose en películas de difícil digestión como "Extrañas coincidencias". Con la reciente "The fighter" recuperó el favor de la industria y ahora ha pasado a ser un aseado director de propuestas hollywoodienses con un cierto deje de película hecha para el festival de cine independiente de Sundance, como es el caso de ésta que nos ocupa.



Su nueva cinta es una de esas películas destinadas a dejar un buen sabor de boca en el público, con una rareza aparente que esconde lo mismo que hemos visto tantas veces. Aquí los protagonistas son una serie de personajes con una serie de pedradas mentales, cada uno con sus manías y sus fobias particulares, que tratan de encontrar su lugar en el mundo y que se dan cuenta de que incluso los que parecen más normales tienen sus rarezas o que ellos lo que necesitan en el fondo es a gente que les iguale en actitudes curiosas. Todo ello con una estructura de comedia romántica de chico conoce a chica, que sigue los esquemas habituales de este género, aunque queriendo dar un toque realista, menos petardo que si estuvieran por ahí Julia Roberts o Sandra Bullock.



Uno de los puntos fuertes de la película son sus actores, todos ellos defendiendo con convicción sus personajes. Bradley Cooper demuestra que sabe hacer algo más que lucir talle, Robert DeNiro no llega al de sus mejores épocas, pero está por encima de muchos de los papeles cutres que ha hecho últimamente y la que está realmente bien es Jennifer Lawrence, una chica que apareció de repente cuando fue nominada hace dos años al Oscar  por "Winter´s bone" y que se ha hecho famosa por sus intervenciones en la última entrega de la saga "XMen" y por "Los juegos del hambre". Una chica guapa y con cuerpazo (y unos lunares que me encantan) y que demuestra tener magnetismo ante la cámara. Alguien que si tiene suerte y sabe elegir sus papeles puede seguir dando que hablar.


Con todo ello, nos encontramos con un filme agradable de ver, que está acertado en su mezcla de comedia y drama, pero que a buen seguro será sobrevalorado. El que haya sido nominada a 8 Oscar de la Academia es una muestra de lo lejos que llegan las películas producidas (y los actores que salen en ellas) por Harvey Weinstein en estas lides (recordemos "Shakespeare enamorado", "Las normas de la casa de la sidra", "Chocolat", "Vicky Cristina Barcelona" o "El discurso del rey", entre muchas otras). Algunas de ellas son buenas películas que acaban siendo propulsadas más allá de lo que se merecen gracias al buen vender de su productor ejecutivo, que se mueve como pez en el agua por los entresijos de Hollywood.

La otra película, que no se ha vendido tan bien en la temporada de premios, salvo para su actor principal, es "El vuelo", lo nuevo de Robert Zemeckis, después de 12 años alejado de las películas de imagen real (tras la espléndida "Náufrago", se emperró en hacer cintas animadas con captura de movimiento y así hizo "Polar express", "Beowulf" y "Cuento de Navidad", hasta que parece haberse cansado del invento).

Tras un aterrizaje de emergencia gracias al cual salvan la vida un centenar de pasajeros, el capitán Whip Whitaker (Denzel Washington), que pilotaba el avión, es agasajado como un héroe nacional. Sin embargo, cuando se pone en marcha la investigación para determinar las causas de la avería, se descubre que, probablemente, fue precisamente el piloto quien puso en peligro la vida de los pasajeros debido a su alcoholismo.



Reconozco que he tenido una sensación rara viendo esta película, que me ha parecido una curiosa mezcla entre cine al estilo Hollywood y telefilme de sobremesa. Algo en ocasiones muy interesante e incluso brillante y algo a veces conservador y pueril, digno de un principiante timorato. Zemeckis fue considerado durante años una especie de Spielberg menor, por el apadrinamiento del Rey Midas de Hollywood en los inicios de su carrera y películas tan spielbergianas como la saga "Regreso al futuro". En los 90, Zemeckis pareció seguir una mayor madurez, con cimas como "Forrest Gump", "Contact" o la citada "Náufrago", hasta que dio el paso atrás con esas otras películas de animación ya comentadas. "El vuelo" no viene a ofrecer nada nuevo ni deja claro si a Zemeckis se le ha pasado el arroz o si vuelve a despertarse al mundo real tras años perdido en la animación.



Aquí nos cuenta la historia de un tipo adicto al alcohol y a las drogas, que llega a trabajar borracho y que tiene el talento suficiente como para salvar de la muerte a casi todos los pasajeros de un avión. Alguien muy bueno en lo suyo, pero lleno de problemas en la vida real. La secuencia del accidente demuestra que el gran espectáculo en una sala de cine no depende tanto de destrozar todo lo que se pueda, sino de inyectar emoción en lo que se cuenta y hay reconocer la maestría de Zemeckis en esa parte del filme, que engloba más o menos los primeros 20 minutos de la película.



Lo que viene a continuación es una especie de película sobre la superación de los vicios de este hombre, un camino en el conocerá a una joven drogadicta (Kelly Reilly), que le ayudará a tratar de superar sus adicciones. Y al mismo tiempo se desarrolla otra trama en la que el protagonista puede ser imputado por conducir borracho el avión estrellado, pese a salvarlo. Todo ello en una mezcla a ratos interesante, a ratos indigna de quien dirige. Cabe destacarse la labor de Denzel Washington, uno de esos actores que no dejan de ser ellos mismos hagan lo que hagan, pero que lo hacen bien y saben llenar la pantalla. Tampoco quiero olvidarme de Kelly Reilly como la yonqui que acompaña a Washington y del siempre efectivo John Goodman como "camello", que hacen lo mejor que pueden unos personajes que merecían más líneas y desarrollo en el guión.



Así pues, esta es una película interesante, visible, pero que está lejos de pasar a los anales del cine. Esperemos que sirva para desengrasar a Zemeckis y que la próxima sea aún mejor. Una película que espantará a los que vayan pensando que van a ver un gran espectáculo, pues éste está concentrado únicamente en los primeros minutos, mientras el resto del tiempo nos hallamos ante un drama intimista.

Dos películas que conectarán de diversa forma con el público y que quizá el tiempo pondrá en su sitio, como suele ser habitual.

miércoles, 23 de enero de 2013

Contradicciones varias

 
 
 
Puedo ser el ser más sumiso y obediente y puedo ser el más rebelde e independiente. Puedo ser el más pasivo y tranquilo y el más activo y nervioso. Puedo estar callado durante horas y puedo hablar sin descanso durante horas. Puedo odiar a quien quise y apreciar lo que he odiado. Puedo estar tan triste que piense en quitarme de en medio y tan alegre como para tocar el cielo. Puedo estar pendiente y hacer cualquier cosa por alguien a quien aprecio y no moverme un milímetro por alguien que me decepciona, por mucho que lo pida. Puedo odiarme a mí mismo y considerarme una porquería y puedo creer que voy un paso por delante de los demás. Puedo ser serio y seco como un poste y agradable y chistoso como un cómico sobre el escenario. Puedo decir "te quiero" y sentirme mejor al hacerlo cuando durante años decirlo me hizo sentir débil. 
 
Me gusta la rutina y me gusta que venga alguien y me saque de lo habitual. Me gustan las comedias gamberras y me gustan las historias de amor. Me gustan los chistes estúpidos y la prosa más lírica. No me gusta la gente que va de chistosa y me gusta que me hagan reír. Me gustan la música clásica y la música dance. Me gusta que se acuerden de mí y me hagan caso y me agobia que estén pendientes de mí 24 horas al día. Me gustan las modelos de las revistas y las mujeres con alguna imperfección. Me gustan las mujeres que están un poco locas y odio cuando me vuelven loco en el mal sentido. Me gusta saberlo todo de ellas y me gusta descubrir cosas que no les conocía.
 
Escribo todo esto y supongo que puede decirse que soy al menos un poco contradictorio, no sé si más o menos que la mayoría de la gente. Lo que he conocido hasta ahora me ha hecho ver que el ser humano está lleno de contradicciones, que nadie es coherente al 100 por 100 con sus ideas y sentimientos. Sin ir más lejos recuerdo a mis abuelos, uno comunista acérrimo y el otro falangista nostálgico de Franco y lo bien que se llevaban entre ellos cuando deberían haberse detestado por sus ideas políticas.
 
Imagino que todo esto viene a cuento de eso tan manido de que nadie es perfecto y de que queremos a las personas a pesar de sus incoherencias o quizás lo hacemos por eso mismo. Porque les hace especiales y lo bueno que nos dan supera con mucho a lo malo.
 

domingo, 20 de enero de 2013

Ideas y mitos sobre el porno


 
Navegando por Internet me he encontrado con un artículo de la revista "Smoda" en el que habla sobre la percepción que tenemos del cine porno y lo que nos influye en nuestra vida sexual, por las cosas que creemos que deben hacerse.
 
El porno es de esas cosas que casi nadie confiesa ver y que la mayoría ha visto alguna vez en su vida, tanto ellos como ellas. Bien es cierto que ellas suelen más reservadas a la hora de reconocerlo, pero no quiere decir que sean ajenas a este tipo de cine. Yo creo que no está mal ver porno, siempre que no sea algo que te quite de hacer otras cosas, que se convierta en una especie de adicción. Al fin y al cabo es una fantasía, un modo de entretenimiento y relax. Y el porno en la vida sexual de cada uno es como ver las películas en versión original para aprender inglés. Puede que no aprendas todo lo que hay que saber, pero ayuda a hacer oído, te da pistas y puedes sacar enseñanzas útiles.
 
Para aquellos que no la conozcan, la chica de la foto que encabeza esta entrada es Sasha Grey, una chica que hizo porno desde los 18 a los 22 años y que ahora se ha retirado de eso para hacer cine convencional (se la pudo ver en "The girlfriend experience" de Steven Soderbergh y hace poco ha rodado en España "Open Windows", con Nacho Vigalondo). Verán que su apariencia es normal, como tantas otras chicas, una mujer bonita como muchas que vemos a diario por la calle. Alguien de quien no pensaríamos a primera vista que ha hecho las cosas que ha hecho delante de una cámara y que la han llevado a ser una de las pornostars más cotizadas y fantasía para muchos. No corresponde a la imagen típica de rubia oxigenada con tetas de silicona que mucha gente imagina en el porno, un modelo ya caduco desde hace años, quizá el éxito radica en parte en su aspecto normal. Por eso cuando la gente identifica porno con actores musculados de masculinidad cavernícola y rubias operadas con poca sesera está viendo una parte de todo ello, como si al cine solo fueran a ver películas de Stallone y Schwarzenegger y pensaran que todas son iguales.
 
Digo todo esto porque el artículo, aún siendo interesante, cae en algunos de los tópicos que acabo de comentar a la hora de hablar de estos temas. Pero aquí lo dejo, por si interesa:



"El porno puede subir nuestra libido y fomentar las fantasías eróticas, pero también condicionar y estandarizar nuestro comportamiento sexual. ¿Estamos imitando a Nacho Vidal o a Traci Lords en la cama?

Si un extraterrestre llegara a la Tierra y quisiera ponerse al día de lo que aquí se cuece y de los comportamientos humanos viendo películas, series de televisión o documentales, tal vez llegase a la conclusión de que los terrícolas son seres poco inteligentes, que tropiezan muchas veces en la misma piedra y que malgastan su existencia consiguiendo papelitos verdes, que ellos mismos han inventado y que en sí mismos no tienen ningún valor, pero que acumulan en unos lugares llamados bancos. Conclusiones no muy alejadas de la triste realidad. Si este marciano quisiera profundizar en las conductas sexuales humanas, lo más fácil sería conectarse a Internet y ver videos o películas porno. Tras una sesión intensiva, es probable que llegase a las siguientes premisas:
 
1. Los machos humanos solo están preparados para cubrir a las hembras tras una sesión de un mínimo de 20 minutos de sexo oral. Ellas sin embargo, no necesitan tanta estimulación para ser penetradas.
 
2. Las relaciones sexuales entre terrícolas acaban siempre con el macho eyaculando en la cara de la hembra, lo que a ella le causa un gran placer.
 
3. En las cintas más antiguas se observa que los terrícolas tenían pelo en sus órganos sexuales, pero seguramente lo han perdido como resultado de un proceso evolutivo, al perder éste su función.
 
4. El sexo es una de las tareas más duras que desempeñan los humanos, requiere concentración, seriedad y gran esfuerzo físico.

Lo divertido o lo triste del caso es que ninguna de estas conclusiones sería cierta, o debería serlo, y el extraterrestre abandonaría nuestro planeta con una idea equivocada de lo que en principio es el motor que mueve el mundo.
 
La respuesta a por qué no se hacen películas porno más inteligentes y dirigidas a un público de ambos sexos –hasta ahora están diseñadas, mayoritariamente, para satisfacer los deseos y fantasías de los hombres–, es la pregunta del millón, porque hay un amplio mercado femenino y hasta masculino que pagaría encantado por ver cintas más excitantes, menos mecánicas, con mayores dosis de imaginación y con diálogos –sé que no hay muchos– más reales. Recuerdo una peli porno vintage, de los años 70, inglesa, en la que el hombre preguntaba a su pareja: “Do you feel comfortable?” (“¿Estás cómoda?”). En principio poca gente puede sentirse cómoda a cuatro patas aguantando las embestidas de un machote de Glasgow, pero es que tampoco se trata de eso, ¿no?.
 
El problema reside en que la única forma de entrenamiento sexual que tenemos, a menos que uno sea un voyeur, son los libros o las películas, los únicos manuales que nos sugieren o nos muestran comportamientos en la cama. La literatura revela parcialmente y da pie a la imaginación, pero el cine muestra hasta los más mínimos detalles y algunos sexólogos empiezan a preguntarse si las nuevas generaciones, las que no han venido al mundo con una barra de pan bajo el brazo sino con una conexión Wifi, no estarán cumpliendo a rajatabla los does y don't que se resumen tras horas y horas de contemplación de películas X.
 
Mary Elizabeth Williams escribía hace unos años en su artículo títulado How not to make love like a porn star (Cómo no hacer el amor como una estrella del porno), en salon.com: “Pensar que se puede aprender a hacer el amor viendo películas porno es como pensar que se puede aprender a conducir viendo The Fast and the Furious”. Sin embargo, los gustos de los jóvenes parecen ser bastante uniformes en cuanto a tendencias sexuales. En el año 2008 Babeland.com, una sex shop online, hacía una encuesta entre chicas sobre las ideas erróneas que los hombres se habían forjado respecto a las mujeres a causa de las películas porno. En el ranking de resultados, los primeros puestos eran los siguientes:
 
1. Pensar que las mujeres solo tienen orgasmos con la penetración.
2. Creer que a las chicas les encanta el semen en la cara.
3. Pensar que el sexo anal es sexy.
4. Tener la idea de que ellas prefieren los penes muy grandes.
 
Así, mientras las películas normales tiene cada vez menos escenas eróticas, –yo diría que han desaparecido totalmente–, las porno se parecen cada vez más entre ellas. La sexóloga Francisca Molero, directora del Institut Clinic de Sexología de Barcelona, se ha encontrado con pacientes que se quejan de que su pareja se comporta como un actor porno (en el mal sentido). Incluso algunos parecen mirar a cámara mientras están en faena. “La cuestión es que muchos tienen la idea de que imitar el comportamiento de las películas porno es sinónimo de ser el mejor amante. Incluso algunas mujeres u hombres se sienten culpables porque no les gusta lo estandarizado, lo que sale en la pantalla.
 
El porno puede ser fantástico, estimular la libido o fomentar las fantasías sexuales. No hay nada malo en querer imitar una postura o algún comportamiento que hemos visto en alguna película X , siempre que nos atraiga. El problema está en no tener otro modelo, no seguir el propio deseo y ceñirse siempre al guión. Un guión en el que quedan excluidos los juegos, la seducción, el erotismo. La mayoría del porno que se consume ahora es mecánico y competitivo. Busca más lo cuantitativo que lo cualitativo y puede ejercer una influencia importante en los jóvenes, especialmente en aquellos que no han tenido aún experiencias sexuales. Un adolescente que ve una película sabe que lo que está viendo es una ficción, que no es real, pero si ve un video porno y no tiene otra referencia, es probable que piense que el sexo es así, que los hombres aguantan tanto, que un buen pene debe tener unas determinadas dimensiones, o que las mujeres tienen que empezar a gemir con tan solo rozarles los pechos”.
 
Muchos piensan que ya no se hacen películas como las de los años dorados de Hollywood, yo pienso que el mejor cine erótico se hizo con Enmanuelle o las películas de Russ Meyer, aquí todas las mujeres tenían algo en común: sus enormes tetas, pero cada una era una Supervixen a su manera."
 
 
 
Y ante todo lo expuesto hay que decir que cuando se empieza a ver porno se hace por la curiosidad de aquello que se empieza a sentir y que por edad aún no se ha hecho. Luego la experiencia es muy variada y te enseña que la vida sexual se parece a una película porno como la vida real se parece a las películas convencionales. A veces lo que haces es digno de película y otras veces es mucho más corriente que en las pelis. Como la vida misma.

martes, 15 de enero de 2013

"La hora más oscura" y "The Master". Realidad hecha ficción

Este fin de semana tuve mi cita habitual para ver dos películas que han revolucionado a la comunidad cinéfila en estos días y que a buen seguro segurián dando que hablar. Se trata de "La noche más oscura" y "The Master".



"La noche más oscura" es un thriller sobre la operación militar que acabó con la vida de Osama Bin Laden, líder de Al Quaeda. El título original, "Zero Dark Thirty" hace referencia a la hora: las 00:30 de la madrugada del 1 de mayo de 2011, momento en que el comando SEAL de los marines penetró en la residencia de Bin Laden en Pakistán para eliminar al ideólogo terrorista. Todo ello tras una serie de investigacioes de la CIA para dar con su paradero, aquí ejemplificadas en la figura de la concienzuda Maya (Jessica Chastain).



"La noche más oscura" es lo último de Kathryn Bigelow, una suerte de "rara avis" en la industria de Hollywood. Con su anterior cinta, "En tierra hostil", se convirtió en la primera mujer en ganar un Oscar a la mejor dirección y su cine, en contra de los tópicos de lo que se espera por una película dirigida por una mujer, siempre ha sido muy masculino, encaminado al thriller y a la acción ("Le llaman Bodhi", "Acero azul", "Días extraños" o "K-19"). El cine de Bigelow ha sido en varias ocasiones más testosterónico que el de muchos hombres y ocupaba un segundo plano en Hollywood hasta la llegada de "En tierra hostil", ese retrato de un grupo de artificieros en la guerra de Irak que le valió los premios más importantes de la Academia de Hollywood hace pocos años. Una película algo sobrevalorada, pero que a muchos nos dio la satisfacción de batir la aburrida "Avatar" del megalómano de James Cameron (con el que estuvo casada, por cierto).



En su nueva obra la protagonista e hilo conductor del relato es Maya, una mujer, una mujer de la que apenas sabemos nada sobre su vida privada, sobre sus gustos o apetencias, a la que apenas se le conocen amistades. Una mujer centrada en su trabajo, que es el de encontrar a Bin Laden, aún cuando la CIA decide darlo por desaparecido para siempre y se centra en otras cosas. Un trabajo que le hará ser testigo  o incluso de crueles interrogatorios, a través de los cuales irá sacando pistas. Haciendo el chiste sobre su nombre, vendría a ser una de esas abejas obreras que no descansa hasta terminar su labor. O como ella misma se define en la película cuando le preguntan quien es, responde "I´m the motherfucker". 



A todo ello ayuda la gran labor de una Jessica Chastain a la que su personaje le va como un guante, por ser una actriz de reciente aparición, apenas conocida para muchos y que está metida de lleno en el negocio y haciéndolo muy bien, en un claro ejemplo de metalenguaje entre persona y personaje. Incluso podríamos sacar paralelismos entre Maya y Bigelow, como mujeres destacando en un mundo de hombres, aunque ya eso es meternos en interpretaciones no buscadas.

Bigelow sabe manejar muy bien el ritmo de la película, que no decae en sus dos horas y media y está culminada por un  excelente clímax final en la ejecución de Bin Laden, al que siempre se ve en escorzo, nunca en primer plano, como si fuera una especie de fantasma. El filme muestra una ambiguedad moral que será muy debatida, pues da a entender que se llegó a Bin Laden a base de torturar gente para que hablasen, haciendo lo necesario para lograr el objetivo sin reparar en moralidades. Sea como fuere, nos encontramos ante una película espléndida, de esas que te dejan pensando una vez has terminado de verlas.



Por su parte, "The Master" cuenta la historia de Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman), un intelectual brillante y de fuertes convicciones, que crea una organización religiosa que empieza a hacerse popular en Estados Unidos a principios de los 50. Freddie Quell (Joaquin Phoenix), un joven inadaptado, se convertirá en la mano derecha de este líder religioso. Sin embargo, cuando la secta triunfa y consigue atraer a numerosos y fervientes seguidores, a Freddie le surgirán dudas.



"The Master" es lo nuevo de Paul Thomas Anderson, que a finales de los 90 logró el beneplácito de la crítica con "Boogie nights" y "Magnolia" y que cada vez se ha ido escorando a un cine más personal que comercial, con cintas como la rocambolesca "Embriagado de amor" y "Pozos de ambición". A mí siempre me ha parecido un director sobrevalorado y que es como ese niño bonito del profesor, que va de que sabe más de lo que realmente sabe. Su cine me parece siempre algo postizo y falso, de ese que a primera vista llama la atención y empieza a perder brillo cuando se examina de nuevo.



En esta ocasión, habla de los orígenes de la Iglesia de la Cienciología, esa cuyo máximo exponente es Tom Cruise. En ningún momento se la nombra de ese modo, pero los orígenes de esta creencia están ahí presentes y se da a entender que la gente que la creó era un grupo de personajes algo perturbados, porque aquí nadie se salva de la quema. Joaquin Phoenix compone uno de esos personajes sonados y con aspecto de idos que tan bien se le dan y Seymour Hoffman es más moderado como el líder de la secta, aunque enseguida vemos los lados oscuros de esta suerte de predicador. Adicto al alcohol e incapaz de establecer relaciones sociales, el personaje de Phoenix encontrará un sucedáneo de padre en el líder espiritual, que también lo acogerá como hijo, pues su auténtico retoño le desprecia por sus ideas. No me olvido de Amy Adams, como la esposa de Seymour Hoffman, que bajo su apariencia adorable esconde a una mujer con las ideas bastante más claras que su marido, que refleja muy bien esa metáfora de mujer sumisa de cara al público y que es la que lleva los pantalones en casa.



De este modo, Anderson construye una trama con perdedores que buscan creer en algo para dar sentido a sus vidas, en una apuesta que a ratos es interesante e incluso fascinante, pero que en otros momentos aburre. Una de esas pelis que no desagrada, pero con la que miras el reloj en alguna ocasión. Tiene los ingredientes para ser la película favorita de aquellos que gustan de la pretenciosidad y que al gran público le aburrirá. Mis gustos como están a medio camino de ambos mundos le dan un aprobado alto, aunque sin muchas ganas de volver a verla.



No quiero terminar sin comentar lo curioso que resulta que algunas de las películas más alabadas del año lleven el membrete de "basada en hechos reales", que siempre ha sido sinónimo de telefilme de baja calidad. "Argo", una de las vencedoras de los Globos de Oro y las aquí citadas "La hora más oscura" y "The Master" son buenas excepciones a la regla. Porque la realidad suele ser una buena fuente de ficción.

jueves, 10 de enero de 2013

Cosas de la edad y del instinto



El pasado mes estuve de invitado en la boda de una amiga de la época del colegio. Una amistad curiosa, porque en el colegio nos llevábamos con algunas reticencias, yo por entonces era todavía bastante tímido y un inútil total para relacionarme con las mujeres, aparte de que iba bastante a mi bola, como un verso libre. No obstante, la relación se ha mantenido con los años y le agradecí el detalle de invitarme a su boda, que era el primer enlace nupcial al que asistía y reconozco que estuvo bastante bien. Pensé que sería algo más ñoño y sensiblero, pero hubo emociones de las buenas, de las de verdad, no de las postizas y forzadas. Se me hace curioso verme en esa foto con ella más bajita que yo, pues en la época del colegio siempre la vi más alta. Hay una foto de clase a los 14 ó 15 años en la que salgo junto a ella y apenas le llego por el hombro, claro que entonces ella ya había dado el estirón y yo estaba aún en fase embrionaria, fui de desarrollo más tardío.

Además de eso, la celebración me hizo pensar en ese curioso fenómeno de tanta gente con ganas de casarse y empezar a formar una familia a cierta edad, que a veces parece más una obligación que una elección. Veo a toda esa gente que cumple los 30 y empieza a verse madura, que necesita fijar su relación de forma oficial y tener hijos para no perder el paso, que aún hoy día muchas mujeres siguen temiendo que se les pase el arroz.

Cada vez que les pregunto sobre este tema, tengo la respuesta de que es la edad a la que hay que hacerlo, porque el tiempo juega en contra de la fecundidad femenina y si se quieren tener hijos hay que empezar en cierto momento. Y no sé, me parece siempre una respuesta más instintiva que racional, más inspirada por lo irracional, por lo animal que hay en nosotros. Supongo que esa irracionalidad la que prevalece, porque si no muchos ni existiríamos. Por lo que veo desde fuera, tener un hijo requiere un gran compromiso, 24 horas al día, 7 días a la semana, renunciar a muchas cosas y entregarlo todo por los hijos, por ello muchos dicen que tienen que dejar de ser egoístas para ser padres.

Veo cómo a mi alrededor hay mucha gente de mi edad o similar que ya se casa, que ya empieza con la paternidad y yo sigo sin sentir esa llamada, no siento esa necesidad, esa atracción instintiva. Y me pregunto si es que aún no me ha llegado la hora o seré como Maribel Verdú, que se ha cansado de comentar en los últimos años que ella no quiere tener hijos y que no siente esa necesidad por mucho que ya tenga 42 años y esté cerca de que "se le pase el arroz".

Confieso que alguna vez he fantaseado con cómo sería la descendencia que yo pudiera tener y siempre pienso que en caso de ser progenitor, me gustaría serlo de una niña, de una de esas niñas algo resabiadas y que se interesan por todo. Una especie de mezcla entre Matilda, la encantadora niña lectora que creó Roald Dahl y Kimmy Gibbler, la vecina metomentodo de los protagonistas de "Padres forzosos".




Pero como digo, eso está todavía por venir, quién sabe lo que nos deparará el futuro.

lunes, 7 de enero de 2013

"Los Miserables": Un musical con mucha música

Ya han terminado las Navidades y no he querido hacerlo sin ir a ver una de las películas que más bombo y platillo han tenido durante estas fechas. Me estoy refiriendo a "Los Miserables".



 
El expresidiario Jean Valjean (Hugh Jackman), pese a convertirse en hombre respetable, es perseguido durante décadas por el policía Javert (Russell Crowe), un duro funcionario de la ley que no cree en la redención de los criminales. Cuando Valjean decide hacerse cargo de Cosette, la pequeña hija de Fantine (Anne Hathaway), sus vidas cambiarán para siempre. Todo ello con el marco histórico de la agitación social y la miseria de la primera mitad del siglo XIX en París.


 
"Los Miserables" es la adaptación a la gran pantalla de un musical que se hizo en los 80 inspirado en la novela-río (de esas que abarcan décadas en la vida de los personajes) de Victor Hugo y que ha tenido un gran éxito allá donde se ha interpretado, siendo un clásico en los escenarios de Broadway y Londres. De este modo nos hallamos ante una de las grandes obras decimonónicas en un ambiente cantarín, donde los personajes cantan a los cuatro vientos sus aventuras y desventuras. La versión corre a cargo de Tom Hooper, el galardonado director de la estupenda "El discurso del rey", que se haya con la díficil papeleta de llegar al público con un musical de dos horas y media en el que el 95 por ciento del metraje es cantado, con unas escasas líneas de diálogo puro y duro. Y la papeleta la supera con solvencia, aunque con reservas.
 
 

Hooper opta por una puesta en escena más teatral que cinematográfica, con planos cortos y cerrados en sus personajes, sin importarle mucho el decorado, tan solo el número inicial y el final son tan granguiñolescos como un musical de cine exige. El resto de canciones están más centradas en los personajes y su rostro, da un poco igual que sea el París del siglo XIX o cualquier ciudad de nuestros días. Esto no me pareció mal, viene a ser como una especie de película en la que los personajes no pueden escapar de si mismos, la cámara no les deja expandirse con el escenario. Es como si hablaran cantando, como si fuera un musical sin serlo. Los que gusten de grandes coreografías con muchos extras bailando al unísono se van a sentir decepcionados.
 
 

También hay que destacar la labor de sus actores, que tuvieron que interpretar en directo durante el rodaje las canciones (el procedimiento habitual suele ser grabar la música primero y después sincronizar el movimiento de los labios) y dan vida con convicción a sus personajes. De todos ellos me quedo con una Anne Hathaway desgarradora como Fantine, una mujer que debe prostituirse para mantener a su hija y a la que dan ganas de llevarte a casa a cuidar de ella de lo mal que lo pasa. Para ello Hathaway perdió mas de 10 kilos y se cortó su hermosa melena, en una interpretación con aroma de Oscar. Ella tiene algunos de los mejores minutos de una película que a veces te llega al corazón y a veces te hace mirar el reloj, de tan irregular que resulta el conjunto.
 
 
 
Hugh Jackman y Rusell Crowe cumplen con creces como el sufrido Valjean y el pertinaz Javert, aunque les vi un poco perdidos en sus papeles, les he visto mejor en otras ocasiones. Amanda Seyfried como Cosette demuestra una vez más que tiene una voz con la que puede cantar lo que sea y resultar adorable y también quiero destacar a Samantha Barks como Eponine, la mujer que pretende el afecto del revolucionario Marius (Eddie Redmayne) y que por ello envidia a Cosette. Ella ha estado en las representaciones del musical original y se le nota el conocimiento de un papel que emociona. Por su parte, Sacha Baron Cohen y Helena Bonham Carter ponen las gotas de humor como una pareja de posaderos con bastante cara dura.
 
 

Creo que al filme le habría venido como anillo al dedo un poco más de diálogo sin canciones, para evitar el efecto de empacho con el que se sale de la película, de esas que ya estás esperando que se acabe, que sea ya la última canción. Con todo ello, es una cinta interesante y que se puede ver. A mí me ha dado ganas de leer la novela de Victor Hugo, sobre todo con citas como ésta.
 
"El ser humano sometido a la necesidad extrema es conducido hasta el límite de sus recursos, y al infortunio para todos los que transitan por este camino.

Trabajo y salario, comida y cobijo, coraje y voluntad, para ellos todo está perdido. La luz del día se funde con la sombra y la oscuridad entra en sus corazones; y en medio de esta oscuridad el hombre se aprovecha de la debilidad de las mujeres y los niños y los fuerza a la ignominia. Luego de esto cabe todo el horror. La desesperación encerrada entre unas endebles paredes da cabida al vicio y al crimen.

Parecen totalmente depravados, corruptos, viles y odiosos; pero es muy raro que aquellos que hayan llegado tan bajo no hayan sido degradados en el proceso, además, llega un punto en que los desafortunados y los infames son agrupados, fusionados en un único mundo fatídico."

Ellos son "Los Miserables", los parias, los desamparados."

jueves, 3 de enero de 2013

La atracción de lo oscuro




Muchas veces se habla del eterno tema de por qué las mujeres prefieren tantas veces a los chicos malos, a los que son más susceptibles de hacerlas sufrir y darlas malos ratos a tutiplén. Siempre me he preguntado el motivo de esas decisiones, de pensar en las motivaciones de todas esas mujeres para acercarse a ese lado oscuro, muchas veces a sabiendas. Por qué tantas mujeres se arriman a hombres que se las hacen pasar canutas y no les dejan nunca y vuelven al poco de dejarlo, como si se resignaran a que no hubiera otra solución. Por qué si lo dejan con uno acaban con otro de similar calaña y desdeñan a los que pueden tratar de hacerlas felices sin provocar tantos disgustos. Navegando por la red he encontrado un post de un blog que me ha hecho pensar bastante sobre este tema y que a continuación reproduzco:



"Mi amigo  me contó como su actual pareja, después de llevar meses con ella terminaron rompiendo porque ésta le dejó por su ex de 2 años. ¡ que cosas pasan!

A mi amigo no lo acabamos de educar, es tierno y sensible...¡ no aprende! Si bien el factor tiempo influye la principal razón de porque volvió con su ex, fue la búsqueda del principal motivo que engancha a muchas mujeres: Una psicología de altibajos, líbrenos el “altísimo” de cruzarnos con estas individuas. También es cierto que esto suele tener caducidad, este tipo de hombres son imanes para bastantes mujeres debido al romanticismo del hombre indomable y los altibajos que tienen este tipo de relaciones, lo que se viene diciendo ¡¡¡que les pone!!

Y es que un hombre alcohólico, mafioso, adicto al juego… son hombres realmente ¿despreciables? pero que a veces están muy bien con su pareja y también ofrecen discusiones profundas con su pareja, irse y volver en días y tener una reconciliación de esas que terminas follando como leones por los rincones de la casa, o del garaje, o donde pille… cosa que termina enganchando y creando una conexión profunda bastante rara. “no tiene a nadie”, “solo yo le comprendo” son muchos de los pensamientos que pueden correr por el cerebro de algunas mujeres que están con este tipo de hombres

La mezcla de sentimiento de pena, amor, altibajos emocionales crea un cóctel bastante peligroso. Al final suelen terminar dejando a estos tipos poco convenientes pero al cabo de un tiempo no se sabe como, vuelven a juntarse para luego, romper más tarde, y en medio de una de estas pillaron a mi amigo con un ramo de flores y una caja de bombones...¡¡ serás pringao!!

Estadísticamente hablando las combinaciones son muy variadas pero cuando una mujer queda enganchada de un hombre así, personalmente mis queridos y estimados sinvergüenzas yo vigilaría el pasado, currículo en mano si es menester,  conocer a una mujer que tiene un ex reciente de este tipo porque es bastante probable que vuelva a verlo y no solo para hablar ya que sienten un amor paternal, pena y a la vez amor lo cual, como hemos comentado es un cóctel bastante explosivo y además no sirve de nada que los demás amigos le rompamos las piernas salvo para aumentar mas aun el sentimiento de lastima.

Más triste que pegar a un padre es el hecho cierto de que luego la mujer esté con un hombre más bueno y mejor y no pueda enamorarse de él pero sin embargo eche de menos y recuerde al problemático. El corazón no entiende de razones y las mujeres no pueden controlar eso. ¿por qué?...¡¡¡y yo que se!!! Estoy aquí para salvaguardar vuestro espíritu no para cambiar el mundo.

Tengamos en cuenta que cualquier emoción suele ser buena para una mujer, hasta mucho mejor que la indiferencia. Cuando recuerdan las emociones lo hacen de forma positiva, de recuerdo, tienen malos recuerdos como los hombres pero no es lo mismo, a ellas las emociones las alimentan más, en cambio para nosotros las emociones son simplemente lo que son y una mujer alcohólica o ludopata, no voy a decir viciosa que luego pensais mal, simplemente nos incomodaría demasiado como para enamorarse profundamente de ella.

Esto es una opinión generalizada, ambos sexos tienen determinadas características y un alto porcentaje de mujeres se enamora más profundamente de un hombre problemático que de uno que no lo es y cuando hablo de un alto porcentaje me refiero a por lo menos un 99%, luego según cada personalidad específica la cosa puede cambiar, pero por norma general es lo que ocurre. Diferenciaremos pues enamorarse y casarse, que las mujeres no son tontas y una cosa es lo que quieren para follar y otra muy distinta quien se compromete, paga las facturas y cuida de los niños. Ya lo dice la canción, buscate un hombre que te quiera y tenga llenita la nevera... que tú ya querras a otro.

Las mujeres disfrutan a nivel inconsciente de cambios emocionales, imaginación, amor platónico son bombas explosivas y un hombre problemático les proporciona todo esto."



Según el texto todo ello viene dado por la necesidad de sentir, porque con un hombre menos problemático se aburrirían aunque les fuese bien. Que parecen necesitar la infelicidad y el dolor para sentirse vivas. Y ello me hace pensar en esa Madame Bovary que cansada de su matrimonio con un hombre mayor que la cuidaba decidió liarse con un ambiguo seductor. Me hace pensar en esa Ana Ozores que en "La Regenta" flirteaba con un clérigo trepa y un noble vividor para salir de la rutina y para tratar de expresar lo que una educación monjil había reprimido. Me hace pensar en esa Lady Chatterley que descubría su sexualidad con un rudo jardinero por similares motivos a las otras dos. Pienso que cuando leí los libros sentí que aquello podía ser muy entendible, que comprendía sus necesidades.

Pienso y sigo pensando en los extraños mecanismos del alma humana.